Ayuno

El primer sábado del viaje lo pasamos en Orleáns y ayunamos.
(Testimonios 1, 514)

No creo que asuntos como éstos deberían ser traídos delante de mí. No creo que sea mi tarea tratar asuntos tales, a menos que el caso me haya sido plenamente presentado. En la iglesia debe haber hermanos que disponen de sabiduría y pueden, decididamente, hablar sobre el caso. No puedo entender tales cosas. No creo que Dios quiera que lleve sobre mí esa carga. Si ellos no pueden arreglar tales asuntos entre ellos mismos, con ayuno y oración, que continúen en oración y en ayuno hasta que puedan.
(CSAD, 262)

Después que se le indicó a Saulo que fuera a Damasco, le condujeron los mismos hombres que le habían acompañado para ayudarle a llevar atados a los discípulos a Jerusalén para juzgarlos y darles muerte. Saulo posó en la casa de un tal Judas en Damasco, dedicando el tiempo al ayuno y la oración. Allí se probó la fe de Saulo. Tres días estuvo en tinieblas mentales con respecto a lo que se requería de él, y otros tantos estuvo ciego. Se le había dicho que fuese a Damasco, porque allí se le diría lo que debía hacer. Estaba en la incertidumbre, y clamaba fervorosamente a Dios.
(JT, t1, 394)

Cuando llegue el momento en que, según la providencia de Dios, el mundo deba ser probado respecto de la verdad para este tiempo, su Espíritu inducirá a las mentes a escudriñar las Escrituras, aun con ayuno y oración… El ayuno y la oración ferviente a Dios han movido al Señor a abrir sus tesoros de verdad a su entendimiento.”

Para ciertas cosas, el ayuno y la oración son recomendados y apropiados. En la mano de Dios son un medio de limpiar el corazón y de fomentar la buena disposición… Que los hermanos se unan en ayuno y oración para obtener la sabiduría que Dios ha prometido otorgar liberalmente.
(Consejos Sobre Régimen Alimenticio, p. 222)

En el último gran conflicto de la controversia con Satanás, los que sean leales a Dios se verán privados de todo apoyo terrenal. Porque se niegan a violar su ley en obediencia a las potencias terrenales, se les prohibirá comprar o vender. Finalmente será decretado que se les dé muerte.* Pero al obediente se le hace la promesa: “Habitará en las alturas: fortalezas de rocas serán su lugar de acogimiento; se le dará su pan, y sus aguas serán ciertas.” (Isa. 33:16) Los hijos de Dios vivirán por esta promesa. Serán alimentados cuando la tierra esté asolada por el hambre. “No serán avergonzados en el mal tiempo; y en los días de hambre serán hartos.
(DTG 97)

Nada lograrán el ayuno y la oración mientras el corazón esté separado de Dios por una
Conducta errónea.
(Testimonios para la Iglesia, Tomo 5, 132)

Dios despertará a sus hijos; si otros medios fracasan, se levantarán herejías entre ellos, que los zarandearán, separando el tamo del trigo. El Señor invita a todos los que creen su Palabra a que despierten. Ha llegado una luz preciosa, apropiada para este tiempo. Es la verdad bíblica, que muestra los peligros que están por sobrecogernos. Esta luz debe inducirnos a un estudio diligente de las Escrituras, y a un examen muy crítico de las creencias que sostenemos. Dios quiere que se examinen cabal y perseverantemente, con oración y ayuno, las opiniones y los fundamentos de la verdad.
(Testimonios para la Iglesia, Tomo 5, 662)

La Palabra de Dios es apenas medio comprendida. Si cada cual proclamara un ayuno para su propia alma, para estudiar la Palabra de Dios con ferviente oración y leer sólo los libros que pudieran ayudarle a obtener un conocimiento más claro de ella, el pueblo de Dios tendría más salud y fortaleza espiritual, más conocimiento y comprensión espiritual de lo que ahora manifiesta.
(Cada Día con Dios, 148)

De ahora en adelante hasta el fin del tiempo, los hijos de Dios debieran ser más fervientes y más despiertos, y no confiar en su propia sabiduría, sino en la sabiduría de su Caudillo. Ellos debieran dedicar días especiales al ayuno y la oración. No es necesario que se abstengan de alimento, pero debieran comer con moderación alimentos sencillos.
(CRA, 306)

El espíritu del ayuno y la oración verdaderos es el espíritu que entrega la mente, el corazón y la voluntad a Dios.
(CRA, 308)