Bautismo

La prueba de discipulado no se aplica tan estrechamente como se debiera a aquellos que se presentan para el bautismo. Debe saberse si los que profesan estar convertidos están simplemente adoptando el nombre de adventistas del séptimo día, o si están tomando su posición del lado del Señor para salir del mundo y separarse y no tocar cosa inmunda. Cuando dan evidencia de que entienden plenamente su posición, han de ser aceptados. Pero cuando revelan estar siguiendo las costumbres y modas y sentimientos del mundo, ha de tratarse con ellos con firmeza. Si no sienten ninguna preocupación por cambiar su conducta, no deben ser retenidos como miembros de la iglesia. El Señor desea que aquellos que componen su iglesia sean veraces, fieles mayordomos de la gracia de Cristo.
(TM, 128)

La prueba del discipulado no se aplica tan estrictamente como debiera ser aplicada a los que se presentan para el bautismo. Debe saberse si están simplemente tomando el nombre de adventistas del séptimo día, o si se colocan de parte del Señor, para salir del mundo y separarse de él y no tocar lo inmundo. Antes del bautismo, debe examinarse cabalmente la experiencia de los candidatos. Hágase este examen, no de una manera fría y manteniendo distancias, sino bondadosa y tiernamente, señalando a los nuevos conversos el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Háganse sentir a los candidatos para el bautismo los requerimientos del Evangelio.
Uno de los puntos acerca de los cuales los recién convertidos a la fe necesitarán instrucción, es el asunto de la indumentaria. Óbrese fielmente con los nuevos conversos. ¿Son vanidosos en el atavío? ¿Albergan orgullo en su corazón? La idolatría del atavío es una enfermedad moral. No debe ser introducida en la nueva vida. En la mayoría de los casos, la sumisión a los requerimientos del Evangelio exigirá un cambio decidido en la manera de vestir.
(Evangelismo, 229, 230)

Después que Cristo hubo dado los pasos necesarios de arrepentimiento, conversión y fe en beneficio de la raza humana, fue a Juan para ser bautizado por él en el Jordán.
(General Conference Bulletin, 1901, p. 36)

Cada obrero debiera elevar su petición a Dios por el bautismo diario del Espíritu.
(HA, 41)

Cristo (…) diariamente recibía un nuevo bautismo del Espíritu Santo.
(PVGM 105)

Como Jacob, todos luchan con Dios. Sus semblantes expresan la agonía de sus almas. Están pálidos, pero no dejan de orar con fervor. Si los hombres tuviesen la visión del cielo, verían compañías de ángeles poderosos en fuerza estacionados en torno de los que han guardado la palabra de la paciencia de Cristo. Con ternura y simpatía, los ángeles han presenciado la angustia de ellos y han escuchado sus oraciones. Aguardan la orden de su jefe para arrancarlos al peligro. Pero tienen que esperar un poco más. El pueblo de Dios tiene que beber de la copa y ser bautizado con el bautismo. La misma dilación que es tan penosa para ellos, es la mejor respuesta a sus oraciones. Mientras procuran esperar con confianza que el Señor obre, son inducidos a ejercitar su fe, esperanza y paciencia como no lo hicieron durante su experiencia religiosa anterior.
(CS, 688, 689)

El bautismo es una solemne renuncia al mundo. Los que son bautizados en el triple nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el momento de entrar en la vida cristiana, declaran públicamente que han abandonado el servicio de Satanás, y han llegado a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. (Evangelismo, 226)

Cuando los cristianos se someten al solemne rito del bautismo, el Señor registra el voto que hacen de serle fieles. Este voto es su juramento de lealtad. Son bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así están unidos con los tres grandes poderes del cielo. Se comprometen a renunciar al mundo para observar las leyes del reino de Dios. Por lo tanto, han de andar en novedad de vida. No han de seguir más las tradiciones de los hombres. No han de seguir por más tiempo métodos deshonestos. Han de obedecer los estatutos del reino del cielo. Han de buscar el honor de Dios. Si son fieles a su voto, serán provistos de gracia y poder que los habilitará para cumplir con toda justicia. “A todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre”
(Carta 129, 1903).

En nuestro bautismo nos comprometimos a romper con Satanás y sus agentes y a poner alma, mente y corazón en la obra de extender el reino de Dios. Todo el cielo está trabajando para este fin. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están empeñados en cooperar con los instrumentos humanos santificados. Si somos fieles a nuestros votos, está abierta para nosotros una puerta de comunicación con el cielo: una puerta que ninguna mano humana o agente satánico podrá cerrar. . . (Review and Herald, 17 de mayo, 1906).

Mientras su corazón no esté purificado, una persona queda descalificada para tener parte alguna en la comunión con los santos.
(2JT, 208)

Después de trabajar fielmente, si estáis convencidos de que vuestros hijos comprenden el significado de la conversión y el bautismo, y de que están verdaderamente convertidos, sean bautizados.
(2 JT, 392)

Sólo cuando la iglesia esté compuesta de miembros puros y desinteresados, puede cumplir el propósito de Dios. Se hace una obra muy apresurada al añadir nombres a la lista de iglesia. Se ven defectos serios en los caracteres de algunos que se unen a la iglesia. Aquellos que los admiten dicen: Primero ganémoslos para la iglesia y después reformémoslos. Pero esto es un error. La primera obra que debe ser hecha es la de la reforma. Orad con ellos, hablad con ellos, pero no les permitáis que se unan al pueblo de Dios en capacidad de miembros de iglesia, hasta que den evidencia decidida de que el Espíritu de Dios está trabajando en sus corazones.
(Review and Herald, 21 de mayo de 1901)

Hay una cosa que no tenemos el derecho de hacer, y es juzgar el corazón de otro hombre o sus motivos. Pero cuando una persona se presenta para como candidato para ser miembro de iglesia, tenemos que examinar el fruto de su vida, y dejar la responsabilidad de sus motivos para él mismo. Pero se debiera tener cuidado al aceptar miembros en la iglesia; porque Satanás tiene arteros medios por los cuales se propone introducir falsos hermanos en la iglesia, a través de los cuales puede trabajar con más éxito para debilitar la causa de Dios.
(Review and Herald, Jan. 10, 1893)

La prueba del discipulado no se aplica tan estrictamente como debiera ser aplicada a los que se presentan para el bautismo. Debe saberse si están tomando simplemente el nombre de adventistas del séptimo día, o si se colocan de parte del Señor para salir del mundo y separarse de él y no tocar lo inmundo. Antes del bautismo debe examinarse cabalmente la experiencia de los candidatos. Hágase este examen, no de una manera fría y manteniendo distancias, sino bondadosa y tiernamente, señalando a los nuevos conversos el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Hágase sentir a los candidatos para el bautismo los requerimientos del evangelio.
Los recién convertidos a la fe necesitarán instrucción sobre el asunto de la indumentaria. Óbrese con amor en el trato con los nuevos conversos. ¿Son vanidosos en el atavío? ¿Albergan orgullo en su corazón? La idolatría del atavío es una enfermedad moral. No debe ser introducida en la nueva vida. En la mayoría de los casos, la sumisión a los requerimientos del Evangelio exigirá un cambio decidido en la manera de vestir.
No debe haber negligencia al respecto. Por amor a Cristo, cuyos testigos somos, debemos tratar de sacar el mejor partido de nuestra experiencia. En el servicio del tabernáculo, Dios explicó todo detalle concerniente a las vestiduras de los que ministraban delante de él. Esto nos enseña que él tiene una preferencia con respecto a la indumentaria de los que le sirven. Fueron muy específicas las instrucciones dadas acerca de las vestiduras de Aarón, porque eran simbólicas. Así la indumentaria de los que siguen a Cristo, debe ser simbólica. En todas las cosas, hemos de ser representantes de él. Nuestra apariencia en todo respecto debe caracterizarse por el aseo, la modestia y la pureza. Pero la Palabra de Dios no aprueba los cambios en el atavío, efectuados solamente para seguir la moda, a fin de conformarse al mundo. Los cristianos no han de adornar su persona con atavíos costosos o adornos caros.
La instrucción de la Escritura acerca de la indumentaria debe ser considerada cuidadosamente. Necesitamos comprender lo que el Señor del cielo aprecia, aun en lo referente al modo de vestir el cuerpo. Todos los que busquen sinceramente la gracia de Cristo, escucharán las preciosas palabras de instrucción inspiradas por Dios. Aun el modo de ataviarnos expresará la verdad del Evangelio.
Todos los que estudian la vida de Cristo y practican sus enseñanzas, llegarán a ser como él. Su influencia será como la de él. Revelarán corrección de carácter. Mientras andan en la humilde senda de la obediencia, haciendo la voluntad de Dios, ejercen una influencia que se hace sentir en favor del progreso de la causa del Señor y de la sana pureza de su obra. En estas almas cabalmente convertidas, el mundo debe ver un testimonio del poder santificador de la verdad sobre el carácter humano.
El conocimiento de Dios y de Jesucristo, expresado en el carácter, los exalta sobre todo lo que se estime en la tierra o en el cielo. Es la educación más elevada que existe. Es la llave que abre los portales de la ciudad celestial. Dios desea que todos los que se visten de Cristo por el bautismo posean este conocimiento. Y los siervos de Dios tienen el deber de presentar a estas almas el privilegio de su alta vocación en Cristo Jesús.
(6TPI, 101,102)

Rebautismo.
(Evangelismo, 273-275)