Despotismo

Hermanos, tratad a los hombres como hombres, no como sirvientes a los cuales podéis dar órdenes según os parezca. El que da rienda suelta a un espíritu áspero y despótico, haría bien en convertirse en pastor de ovejas, como Moisés, para aprender lo que significa ser un verdadero pastor.
(TM, 262, 263)

Los que han sido puestos por Dios en cargos de responsabilidad, nunca deben tratar de exaltarse a si mismos o atraer la atención de los hombres a su obra. (…) No deben buscar poder para dominar la heredad de Dios, pues sólo harán esto los que están bajo el dominio de Satanás.
(TM, 279-280)

El poder despótico.
(TM 361-362)

No debe ejercerse un espíritu autoritario, ni siquiera por parte del presidente de la asociación, porque el cargo no convierte a un hombre en un ser infalible.
(TM, 496)

No debemos seguir nuestro propio juicio sin tomar en cuenta las opiniones y los sentimientos de nuestros hermanos, porque este proceder conducirá al desorden en la iglesia.
(TM, 503)

La Palabra de Dios no da licencia a ningún hombre para oponer su juicio al de la iglesia, ni le permite insistir en sus opiniones contrarias a las de la misma.
(1 Joyas Testimonios, 391)

En las consultas para hacer progresar la obra, ningún hombre ha de ser la fuerza dominante, la voz del conjunto. Los métodos y los planes propuestos deben considerarse cuidadosamente, a fin de que todos los hermanos puedan pesar sus méritos relativos y decidir cual debe seguirse.
(3 Joyas Testimonios, 198-199)

Se presentan asuntos de grave importancia para que los decida la iglesia. Los ministros de Dios, ordenados por él como guías de su pueblo, deben, después de hacer su parte, someter todo asunto a la iglesia, para que haya unidad en la decisión tomada.
(3 Joyas Testimonios, 203)

No deberíamos sentirnos inclinados a censurar, y a ejercer autoridad arbitraria obligando a los demás a aceptar nuestras ideas.
(El Otro Poder, 37, 38)

El ministro no debe regir autoritariamente sobre el rebaño confiado a su cuidado, sino ser su ejemplo, y mostrarles el cariño del cielo. (…) Dios responsabiliza al ministro por el poder que ejerce, pero no justifica a los siervos que pervierten ese poder en despotismo para con el rebaño encomendado a su cuidado.
(T, t4, 267, 268)

Cualquier hombre, ya sea ministro o laico, que procura forzar o regir la razón de cualquier otro hombre, se convierte en un instrumento de Satanás para hacer su obra, y lleva la marca de Caín ante la vista del universo celestial.
(MS 29, 1911; 1CBA 1101)
La organización sencilla y el orden en la iglesia están establecidos en las Escrituras en el Nuevo Testamento, y el Señor ha ordenado estas para la unidad y la perfección de la iglesia. El hombre que ocupa la dirección en la iglesia debiera ser un líder, un guía, consejero y ayudador a la hora de llevar las cargas del trabajo. El debiera liderar a la hora de ofrecer agradecimientos a Dios. Pero no ha sido elegido para regir y dominar los obreros del Señor. El Señor está sobre su herencia. El dirigirá a su pueblo si se dejan dirigir por Él en vez de asumir el poder que Dios no les ha dado.
(Paulson Collection, 298)

El poder dominante del hombre que se ha introducido en nuestras filas no tiene aprobación en la Palabra. Satanás se ha infiltrado para dirigir a los hombres a depender de los hombres, y a hacer de la carne su brazo. (…) Esta influencia destruirá la personalidad de los hombres concedida por Dios, y los colocará bajo la jurisdicción humana. (…) Los hombres que instruyen a otras personas a mirar a los hombres para conseguir instrucción, están realmente enseñando que cuando vayan al Señor para obtener consejo y la dirección de su Espíritu con respecto a su deber, ellos no deben seguir ese consejo sin primero ir a algunos hombres para saber si es esto lo que deben hacer. Así se desarrolla una especie de esclavitud que sólo traerá debilidad e ineficacia a la obra de Dios.
(Liderazgo Cristiano, 28.3)