Evangelismo

Es obra de la conversión y de la santificación reconciliar a los hombres con Dios, poniéndolos de acuerdo con los principios de su ley.
(CS, 520)

El primer paso hacia la reconciliación con Dios, es la convicción del pecado. “El pecado es transgresión de la ley.” “Por la ley es el conocimiento del pecado.” (1 Juan 3: 4; Romanos 3: 20.) Para reconocer su culpabilidad, el pecador debe medir su carácter por la gran norma de justicia que Dios dio al hombre. Es un espejo que le muestra la imagen de un carácter perfecto y justo, y le permite discernir los defectos de su propio carácter.
(CS, 521)

Sin la ley, los hombres no pueden formarse un justo concepto de la pureza y santidad de Dios ni de su propia culpabilidad e impureza. No tienen verdadera convicción del pecado, y no sienten necesidad de arrepentirse. Como no ven su condición perdida como violadores de la ley de Dios, no se dan cuenta tampoco de la necesidad que tienen de la sangre expiatoria de Cristo. Aceptan la esperanza de salvación sin que se realice un cambio radical en su corazón ni reforma en su vida. Así abundan las conversiones superficiales, y multitudes se unen a la iglesia sin haberse unido jamás con Cristo.
(CS, 522)

No podemos reconocer como santo a ningún hombre sin haberle comparado primero con la sola regla de santidad que Dios haya dado en el cielo y en la tierra.
(CS, 526)

La vida del cristiano debe ser una vida de fe, de victoria y de gozo en Dios. “Todo aquel que es engendrado de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que vence al mundo, a saber, nuestra fe.” (1 Juan 5: 4, V.M.) Con razón declaró Nehemías, el siervo de Dios: “El gozo de Jehová es vuestra fortaleza.” (Nehemías 8: 10.) Y San Pablo dijo: “Gozaos en el Señor siempre: otra vez os digo: Que os gocéis.” “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” (Filipenses 4: 4; 1 Tesalonicenses 5: 16-18.) 532
Tales son los frutos de la conversión y de la santificación según la Biblia; y es porque el mundo cristiano mira con tanta indiferencia los grandes principios de justicia expuestos en la Palabra de Dios, por lo que se ven tan raramente estos frutos. Esta es la razón por la que se ve tan poco de esa obra profunda y duradera del Espíritu de Dios que caracterizaba los reavivamientos en tiempos pasados.
(CS, 532)

El Señor no obra para traer muchas almas a la verdad debido a los miembros de iglesia que nunca han estado convertidos, y a quienes una vez se convirtieron pero han apostatado. ¿Qué influencia tendrían sobre los nuevos conversos estos miembros no consagrados? ¿No anularían el efecto del mensaje dado por Dios que su pueblo ha de presentar?
(CRA, 547)

Cada verdadero seguidor de Cristo es un misionero, y hay casi una infinita variedad de formas en las cuales trabajar.
(Review and Herald, 20 de julio de 1886)

Cuánto mejor sería si algunos de los mismos oradores que despiertan el interés en el público durante las reuniones que cuentan con mayor asistencia, permaneciesen en el lugar para continuar la obra comenzada por medio de un trabajo cabalmente organizado y proseguido durante un tiempo prolongado.
(Evangelismo, 65)

Vuestro éxito no dependerá tanto de vuestro saber y talento, como de vuestra capacidad para conquistar corazones.
(Evangelismo, 321)

Dondequiera se lleve la verdad, debe instruirse a la gente con respecto a la preparación de alimentos sanos.
(Carta 135, 1902)

Ninguna línea debe trazarse entre la verdadera obra médico-misionera y el ministerio evangélico. Ambas cosas deben combinarse. No han de considerarse como línea de trabajo separadas la una de la otra. Han de unirse en una conjunción inseparable, así como la mano está unida con el cuerpo.
(Carta 102, 1900)

No hay en nuestro mundo otra obra tan grande, sagrada y gloriosa, ninguna que Dios honre tanto, como la obra de la predicación evangélica.
(6T, 28)

Nuestros hermanos no han discernido que al ayudar al progreso de la obra en el extranjero, están ayudando a la obra en su propio país.
(6T, 35)

Todos los miembros debieran estudiar la manera de contribuir al progreso de la obra de Dios, tanto en la misión local como en el exterior.
(6T, 37)

Todo el día trabajo para Cristo y en la noche mientras duermo, tengo un hombre que trabaja para el Señor en China. (…)
¿Por qué no se unen los miembros de una iglesia, o de varias iglesias pequeñas, para sostener a un misionero en el extranjero?
(6T, 38)

Observad a las personas que en la congregación dan muestras de estar interesadas, y habladles del servicio. Unas pocas palabras en privado harán mucho más que todo el sermón.
(6T, 74)

Cuando las grandes multitudes se reunían alrededor de Jesús, él instruía a los discípulos y a la gente. Después del sermón, los discípulos se mezclaban con la gente y le repetían lo que Jesús había dicho. A menudo los oyentes habían aplicado mal las palabras de Cristo, y los discípulos les aclaraban lo que decía la Escritura y lo que Cristo había enseñado que decía.
(6T, 94)

No podemos santificar su nombre ni representarlo ante el mundo, a menos que en nuestra vida y carácter representemos la vida y el carácter de Dios.
(DMJ, 92)