Hipnosis

Satanás busca continuamente influir sobre las mentes humanas mediante sus artes sutiles.
(MCP, t1, 18)

O los ángeles malos o los ángeles de Dios controlan las mentes de los hombres. Entregamos nuestras mentes al control de Dios o al control de los poderes de las tinieblas; y será bueno que nos preguntemos dónde estamos parados hoy -si bajo el estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel o bajo la bandera negra de los poderes de las tinieblas.
(MCP, t1, 25)

Satanás ejerció su poder hipnótico sobre Adán y Eva, y se esforzó por ejercer ese poder sobre Cristo. Pero después que fueron citadas las palabras de las Escrituras, Satanás supo que no tendría la oportunidad de triunfar. (…) Tenemos que resistir todo lo que se le parezca.
(MCP, t2, 741)

Hay médicos y ministros que han caído bajo la influencia del hipnotismo ejercida por el padre de mentira. (…) Los ministros y médicos pueden caer en esa trampa.
(MCP, t2, 747)

El error será presentado de un modo agradable y halagüeño. Falsas teorías, revestidas de luz, serán presentadas al pueblo de Dios. Así procurará Satanás engañar a los mismos escogidos, si fuere posible. Se ejercerán influencias extremadamente seductoras; se hipnotizarán las mentes.
(T8, 308)

Lo experimentado en lo pasado se repetirá. (…) Así procurará Satanás engañar a los mismos escogidos, si fuere posible. Se ejercerán influencias extremadamente seductoras e hipnotizarán las mentes.
(3JT, 271)

La influencia hipnótica de Satanás se ejercerá sobre quienes se aparten de la Palabra de Dios para aceptar fábulas agradables.
(3JT, 272; MCP, t2, 746)

Satanás entra en cada reunión de obreros cristianos y en cada iglesia para tratar de atraer a los miembros a su lado.
(3JT, 272)

Los hombres finitos deben cuidarse de tratar de controlar a sus semejantes, ocupando el lugar asignado al Espíritu Santo. No sientan los hombres que es su prerrogativa dar al mundo lo que ellos piensan que es la verdad, e impedir que se les dé algo contrario a sus ideas. Esta no es obra suya. Muchas cosas aparecerán distintamente como verdad, sin embargo no serán aceptables para aquellos que creen que su propia interpretación de las Escrituras siempre es correcta. Habrá que realizar los más decididos cambios con respecto a ciertas ideas que algunos han aceptado como perfectas. Estos hombres dan evidencia de falibilidad en muchísimas maneras; trabajan a base de principios que la Palabra de Dios condena. Lo que me convence hasta lo más profundo de mí ser, y me hace saber que sus obras no son las obras de Dios, es que ellos suponen que tienen autoridad para gobernar a sus semejantes. El Señor no les ha dado más derecho a gobernar a otros que el derecho que ha dado a otros para gobernarlos a ellos. Los que pretenden detentar el gobierno de sus semejantes, toman en sus manos finitas una obra que recae solamente sobre Dios. El que los hombres conserven vivo el espíritu que gobernó el alboroto de Minneápolis es una ofensa para Dios.
(TM, 73)

Decimos decididamente a cada ministro de Jesucristo que debe unirse a la Fuente de toda luz y poder y que no debe seguir la sombra de otro hombre viviente, porque es Cristo a quien debe estar sujeto, y no debiera unir su corazón a otro ser humano y permitir que el hombre piense por él. No está tomando su posición en la sociedad o en el mundo si simplemente acepta lo que su padre ha dicho y lo que su padre, u otro buen gran hombre en generaciones pasadas, ha hecho, y se sumerge a sí mismo, y su individualidad, en ellos. Algunos que piensan que predican el evangelio están predicando las ideas de otros hombres. De algún modo ha llegado a la conclusión no es parte del llamado o de la obra de un ministro pensar diligentemente y con oración. Acepta lo que otros han enseñado sin ejercer su individualidad. Esta doctrina, enseñada por la iglesia de Roma, es la dependencia completa en los dirigentes. La conciencia individual no es propia. El juicio debe ser controlado por las ideas de otros hombres. Su inteligencia no debe sujetarse más allá de la de los dirigentes.
Satanás tiene su mano en toda esta obra para reducir la obra de Dios.
(Materiales 1888, p.834)

En el momento que Eva escuchó (a Satanás), las advertencias que Dios había dado se fueron de su mente.”
(ST, 29 de mayo, 1901)

En la medida en que los hombres consienten en escuchar estos sofismas, una influencia sutil entretejerá en sus mentes las finas amenazas de estas teorías seductivas, y los hombres que debieran alejarse del primer sonido de tal enseñanza aprenderán amarla. Su influencia es como una víbora mortal, envenenando las mentes de todos aquellos que escuchan. Es una especie de hipnotismo, debilitando las sensibilidades del alma.
(10MR, 163.2)

El [Lucifer] actuó en forma tan engañosa, que los sentimientos que inculcó no pudieron ser examinados hasta que se desarrollaron en las mentes de los que los recibieron.
La influencia de una mente sobre otra, que es un poder tan grande para el bien cuando está santificada, es igualmente fuerte para el mal en las manos de los que se oponen a Dios. Satanás ha usado este poder en su obra de inculcar el mal en las mentes de los ángeles, dando a entender que estaba buscando el bien del universo. Lucifer había sido sumamente ensalzado como querubín ungido; era muy amado por los seres celestiales, y su influencia era poderosa sobre ellos. Muchos de ellos escucharon sus sugestiones y creyeron sus palabras. “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo”.
Satanás fue arrojado y estableció su reino en este mundo, y a partir de entonces siempre ha estado luchando incansablemente para apartar a los seres humanos de su lealtad a Dios mediante engaños. Usa el mismo poder que utilizó en el cielo: la influencia de una mente sobre otra. Los hombres se convierten en tentadores de sus prójimos. Los poderosos y corruptos conceptos de Satanás son albergados, y ejercen un poder dominante y compulsivo. Los hombres, bajo la influencia de esos conceptos, se unen entre sí en alianzas malignas (Carta 114, 1903).

Los hombres y las mujeres no deben estudiar la ciencia de cómo tomar el control de las mentes de aquellos que se asocian con ellos. Esta es la ciencia que enseña Satanás. Debemos resistir cualquier cosa de este tipo.
(Spalding and Magan, 464.8)

Porque el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios [el espiritismo], que con hipocresía hablarán mentiras, teniendo cauterizada la conciencia.
(Las Señales de los Tiempos, 5 de diciembre de 1895)