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Los hombres están muertos y no lo saben. Tienen cuerpos vivos, pero están espiritualmente muertos. Si no lo descubren a lo largo de su vida y se dan cuenta de que tienen que nacer espiritualmente, algún día dejarán de existir para siempre. El plan de Dios es que los hombres despierten a esta realidad y todos puedan salvarse. (Mt.18:14; 1ªTim.2:4) Pero para que puedan ser salvados, tienen que darse cuenta de que están perdidos.

Una de las mejores metáforas que encontramos en la Biblia que representa su estado natural se encuentra en el capítulo 37 del libro de Ezequiel. En su primer versículo se presenta “un valle que estaba lleno de huesos.” Así es como están representados los hombres en su estado carnal, sin el Espíritu de Dios en sus vidas.

El apóstol Santiago hace referencia a esta condición cuando dice: “El cuerpo sin espíritu está muerto.” (Stg.2:26) Pablo, sobre esto mismo, escribió: “El Espíritu (…) vivificará vuestros cuerpos mortales.” (Rom.8:11) Sólo los que han sido transformados por el Espíritu de Dios están vivos; el resto están muertos espiritualmente. Tenemos que pensar que estamos en un mundo lleno de cadáveres espirituales, y nuestra obra es conseguir que Dios les de vida.

Si comprendemos este concepto, entonces también podremos comprender las palabras de Jesús cuando dijo: “Dejad que los muertos entierren a los muertos.” (Mt.8:22) En el texto se hace referencia a dos clases de muertos: muertos espirituales y muertos físicos.

Puede darse el caso de que alguien, incluso, puede estar viviendo una vida aparentemente cristiana pero realmente estar muerto:

“Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto.” (Ap.3:1) Y peor aún, el hombre puede llegar a estar “dos veces muerto.” (Jud.12)

Es interesante que Jesús les dijera a los fariseos: “Sois semejantes a sepulcros blanqueados (…) por dentro llenos de huesos muertos.” (Mt.23:27) Les estaba diciendo que, aunque aparentaban ser religiosos, estaban espiritualmente muertos.

“Dios da vida a los muertos.” (Rom.4:17) y quiere dársela a todos. Por eso “Dios resucita a los muertos.” (2ªCor.1:9)

Cuando Pablo escribió a los creyentes de Roma les dijo “presentaos…como vivos ante los muertos.” (Rom.6:13) porque sólo los que han nacido de nuevo están realmente vivos. Algo parecido les dijo también a los creyentes en Éfeso:

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” (Efe.2:1)

“Estando nosotros muertos en pecados, nos dio vid y juntamente con él nos resucitó.” (Efe.2:5,6)

Y a los Colosenses:

“Y a vosotros, estando muertos en pecados…os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.” (Col.2:13)

La misión del cristiano es presentar a Jesucristo a quienes están muertos para que sean resucitados y puedan ser salvos. Para ello tenemos que colocar a los muertos espirituales en el camino de la resurrección y la salvación. Los Siete Pasos al Cielo quiere cumplir con ese objetivo, y también pretende ser una herramienta para que cada uno hagamos un examen y sepamos en qué punto del camino nos encontramos.