Laicos

El Señor empleará para el cumplimiento de sus propósitos a hombres quienes algunos hermanos tendrán como no idóneos para cumplir su obra.
(Review and Herald, 9 febrero 1895)

No importa por medio de quién sea enviada la verdad, debemos abrir nuestros corazones para recibirla con la mansedumbre de Cristo. Pero muchos no obran así. Cuando se presenta un punto controvertido, formulan objeción tras objeción, sin admitir un punto que esté bien sostenido. ¡Ojalá obremos como hombres que desean la luz! ¡Ojalá nos dé Dios su Espíritu Santo día tras día, y haga resplandecer sobre nosotros la luz de su rostro, para que aprendamos en la escuela de Cristo!
Cuando se presenta una doctrina que no concuerde con nuestras opiniones, debemos acudir a la Palabra de Dios, buscar al Señor en oración, y no permitir al enemigo que se presente con sospechas y prejuicios. Nunca debemos permitir que se manifieste en nosotros el espíritu que alistó a los sacerdotes y príncipes contra el Redentor del mundo. Ellos se quejaban de que él perturbaba al pueblo, y deseaban que lo hubiese dejado en paz; porque causaba perplejidad y disensión. El Señor nos envía luz para probar qué clase de espíritu tenemos. No debemos engañarnos a nosotros mismos.
(Obreros Evangélicos, 316-317)

Nos entristecemos al ver en muchos lugares tanto que debía haber sido hecho y no lo ha sido. Pero el Señor usará en la realización de su obra medios que ahora no vemos. El levantará de entre el pueblo común hombres y mujeres para hacer su obra, así como lo hizo antaño. El llamó a pescadores para ser sus discípulos. Pronto habrá un despertar que sorprenderá a muchos. Los que no se dan cuenta de la necesidad de lo que debe hacerse, serán pasados por alto, y los mensajeros celestiales obrarán usando a los que pertenecen al común del pueblo, capacitándolos para llevar la verdad a muchos lugares. Ahora es el tiempo en que debemos despertar y hacer lo que podemos.
(Loma Linda Messages, 83)

Dios llevará adelante su obra por medio de obreros completamente consagrados. Si sus ministros dejan de representar a Cristo, él echará mano de otros, muchos de los cuales no habrán sido preparados para la obra en un curso regular de estudios, y pondrá un mensaje en sus labios, el último mensaje de amonestación. El llamará a hombres de diversos empleos, y a su pedido, ellos irán a proclamar la verdad presente.
(Review and Herald, 9 diciembre, 1902)

Hubo pocos ministros, sin embargo, que aceptaron este mensaje (1844); por eso mismo fue confiado mayormente a humildes laicos.
(HR, 375)

El Señor no depende de hombres de elevada posición, de gran intelecto o extensos conocimientos. Tales hombres a menudo son orgullosos y autosuficientes. Se sienten competentes para diseñar y ejecutar planes sin el consejo de Dios. Se separan de la Vid verdadera, y por ello se vuelven secos e infructuosos, como ramas marchitas.
(Recibiréis Poder, 262)

La obra de Dios en este mundo no podrá terminarse hasta que los hombres y las mujeres que componen la feligresía de nuestra iglesia se interesen en la obra y unan sus esfuerzos con los de los ministros y dirigentes de la iglesia.
(T9, 95)

La circunstancia de ser predicado el mensaje mayormente por laicos, se presentaba como argumento desfavorable. Como antiguamente, se oponían al testimonio claro de la Palabra de Dios con la pregunta: “¿Ha creído en él alguno de los príncipes, o de los Fariseos?” (…) Multitudes que confiaban implícitamente en sus pastores, se negaron a escuchar el aviso, y otros, aunque convencidos de la verdad, no se atrevían a “por no ser echados de la sinagoga.”
(CS, 430)