Manipulación

Lo que me conmueve hasta lo más profundo de mí ser, y me hace saber que sus obras no son las obras de Dios, es que ellos suponen que tienen autoridad para gobernar a sus semejantes.
(TM, 73)

Toda rudeza, acritud, crítica y todo espíritu tiránico no son de Cristo, sino que proceden de Satanás.
(TM, 156)

Prevalece la obra de dominar sobre los demás.
(TM, 260)

! Cómo sufre mi corazón al ver a presidentes de asociaciones que asumen la responsabilidad de seleccionar a aquellos a quienes pueden amoldar para trabajar con ellos en el campo! Eligen a quienes no diferirán de ellos, sino que actuarán meramente como máquinas. Ningún presidente tiene derecho alguno de hacer esto.
(TM, 304)

Nada separará tan rápida y decididamente al alma de Dios, y traerá derrota, como que el hombre eleve su alma con vanidad, y hable de una manera orgullosa, jactanciosa e impositiva a sus semejantes, que son la propiedad de Dios. “No sois vuestros …comprados sois por precio”, el precio de la sangre del Hijo de Dios. El Señor sólo ha de ser exaltado. Consérvese cada agente humano en su lugar, y no trate de ocupar el lugar donde Dios debe estar. Ha habido demasiada confianza en los hombres.
(TM, 319-320)

Dios ha dado a los hombres talentos de influencia que le pertenecen a él solo, y no puede inferirse un deshonor más grande a Dios que el que los agentes finitos coloquen los talentos de otros hombres bajo su absoluto control, aun cuando los beneficios de los mismos sean usados para la ventaja de la causa. En tales arreglos la mente de un hombre es gobernada por la mente de otro hombre, y el agente humano es separado de Dios, y expuesto a la tentación. Los métodos de Satanás tienden a un solo fin: a hacer que los hombres sean esclavos de los hombres. Y cuando esto se logra, el resultado es confusión y desconfianza, celos y malas sospechas. Una conducta semejante destruye la fe en Dios, y en los principios que han de regir, que han de purgar de engaño y de toda especie de egoísmo e hipocresía.
(TM, 360, 361)

El poder despótico que se ha desarrollado, como si la posición hubiera convertido a los hombres en dioses, me hace temer, y debe producir temor. Es un maldición dondequiera que se lo ejerza y quienquiera que lo ponga en práctica Este manejo despótico de la heredad de Dios creará tal disgusto de la jurisdicción del hombre que resultará un estado de insubordinación. La gente está descubriendo que a los hombres que están en altas posiciones de responsabilidad no puede confiárselas la tarea de modelar y dar forma a las mentes y caracteres de otros hombres. El resultado será una pérdida de la confianza aun en el manejo de hombres fieles. (…)
Siglo tras siglo, Jesús ha estado entregando sus bienes a su iglesia. En el tiempo del primer advenimiento de Cristo a nuestro mundo, los hombres que componían el Sanedrín ejercían su autoridad para controlar a los hombres de acuerdo con su voluntad. Así las almas por quienes Cristo había dado su vid para librarlas de la esclavitud de Satanás eran colocadas de otra manera bajo su servidumbre.
(TM, 361)

Si un hombre confía en sus propias facultades y trata de ejercer dominio sobre sus hermanos, sintiendo que está investido de autoridad para hacer de su voluntad el poder dominante, la mejor conducta y la única es cambiarlo, para que no se haga un gran daño, y pierda su propia alma, y ponga en peligro el alma de otros.
(TM, 362)

El cargo no engrandece a un hombre ni en una jota ni en una tilde.
(TM, 362)

Están en las mismas huellas del romanismo.
(TM, 362)

Las organizaciones, las instituciones, a menos que sean guardadas por el poder de Dios, trabajarán bajo el dictado de Satanás para colocar a los hombres bajo el control de los hombres; y el fraude y el engaño tendrán la semejanza del celo por la verdad y por el progreso del reino de Dios. (…)
Si los hombres rechazan las advertencias que el Señor les envía, llegan a ser aun cabezas en las malas prácticas; tales hombres se arrogan el ejercicio de las prerrogativas de Dios: tienen la presunción de hacer aquello que Dios mismo no hará para tratar de controlar las mentes de los hombres. Introducen sus propios métodos y planes, y en base a sus falsos conceptos de Dios debilitan la fe de otros en la verdad, y colocan falsos principios que actuarán como levadura para mancillar y corromper nuestras instituciones e iglesias. (…)
Cualquier cosa que en nuestras prácticas no sea tan clara como el día, pertenece a los métodos del príncipe del mal. Sus métodos son practicados aún entre los adventistas del séptimo día.
(TM, 366)

Se nos amonesta a no confiar en el hombre, ni hacer de la carne nuestro brazo”.
(TM, 367)

Al actuar por medio de los ministros, puedo dominar a la gente de acuerdo con mi voluntad.
(TM, 473)

Este mensaje está destinado a nuestras iglesias en todo lugar. En la falsa experiencia que ha estado prevaleciendo, opera una decidida influencia a exaltar los agentes humanos, y a inducir a algunos a depender del juicio humano, y a seguir el gobierno de mentes humanas. Esta influencia está apartando la mente de Dios. No permita el Señor que una experiencia semejante se profundice y crezca en nuestras filas como adventistas del séptimo día.
(TM, 483,484)

A veces un hombre que ha sido colocado en una responsabilidad como dirigente concibe la idea de que está en una posición de suprema autoridad, y de que todos sus hermanos, antes de hacer ningún movimiento de avance, deben primeramente venir a él para pedir permiso para hacer aquello que creen que debe hacerse. Tal hombre se encuentra en una posición peligrosa. Ha perdido de vista cuál es la obra de un verdadero dirigente entre el pueblo de Dios. En lugar de actuar como un sabio consejero, asume las prerrogativas de un gobernante impositivo. Dios es deshonrado por toda manifestación semejante de autoridad y exaltación propia. Ningún hombre, confiando en su propia fuerza, ha de erigirse en mente y juicio para otro hombre a quien Dios está usando en su obra. (…) Nadie se considere como un amo, que puede ejercer un poder dominante sobre sus hermanos.
(TM, 491-492)

El que admite la verdad mientras sigue en la injusticia (…) se entrega al servicio de Satanás, y lleva las almas a la ruina. Esta clase de personas tiene comunicación con los ángeles caídos, y recibe ayuda de ellos para obtener el dominio de las mentes.
(2JT, 34)