Mayordomía

Los que aguardan la pronta aparición de Cristo no estarán ociosos.
(Testimonios T1, 509)

Dios ha dado a los hombres propiedades para que las empleen sabiamente, no para que las atesoren egoístamente o las malgasten en lujos y en la complacencia propia, sea en vestidos o en el embellecimiento de sus casas. (Testimonios T1, 556)

Cada centavo gastado en la propia complacencia (…) es sustraído de la tesorería de Dios. (Testimonios T2, 473)

En el mundo que profesa ser cristiano se gasta en extravagante ostentación lo suficiente para suplir las necesidades de todos los hambrientos y vestir a los desnudos. muchos de los que han tomado sobre si el nombre de Cristo están gastando su dinero en placeres egoístas, en la satisfacción de los apetitos carnales, en bebidas alcohólicas y manjares suculentos, en casas, ropas y muebles lujosos, mientras que dedican apenas una mirada de compasión y una palabra de simpatía a los dolientes. (Testimonios T2, 512-513)

En vez de hacernos regalos inútiles unos a otros, concedamos nuestros dones a los pobres e indefensos. (Testimonios T2, 524)

No tenemos tiempo para buscar nuestra propia satisfacción.
(Testimonios T3, 310)

El tiempo, la influencia, la razón, los afectos y la conciencia, todos pertenecen a dios y deben ser usados de acuerdo con su voluntad.
(C.P. Jóvenes, 67)

Malgastar el tiempo y nuestra inteligencia resulta pecaminoso. (C.P. Jóvenes, 320)

El Señor no tiene uso alguno para hombres que no estén completamente consagrados a su servicio.
(MM; 272)

Todas nuestras bendiciones nos llegan por medio del don inestimable de Cristo. La vida, la salud, los amigos, la razón, la felicidad, son nuestros gracias a los méritos de Cristo. ¡Oh, que los jóvenes y los ancianos comprendan que todo nos viene por medio de la virtud de la vida y de la muerte de Cristo, y reconozcan la propiedad de Dios!
(Hijos e hijas de Dios, 240)

Dios ha puesto su mano sobre todas las cosas, tanto en los hombres como en sus posesiones, porque todo le pertenece. (…) La mente, el corazón, la voluntad y los afectos pertenecen a Dios; y el dinero que poseemos es del Señor. (CMC, 77)

Todo el mundo, con sus riquezas y tesoros pertenece a Dios, aun cuando ahora casi todo está en posesión de hombres malos. “De Jehová es la tierra y su plenitud.” “Mía es la plata, y mío el oro, dice Jehová de los ejércitos.” (…) Ojalá que los cristianos se den cuenta cada vez más plenamente de que tienen el privilegio y el deber de aprovechar, siempre que sea sobre principios rectos, toda oportunidad enviada por el cielo para el avance del reino de Dios en este mundo.
(SC, 210)