Moisés

(A Moisés) casi le pareció haber vivido en vano su vida de pruebas y sacrificios.
(PP. p. 505)

Cristo mismo, acompañado de los ángeles que enterraron a Moisés, descendió del cielo para llamar al santo que dormía.
(PP. p. 510)

Era el plan de Dios que Moisés le recordara frecuentemente a Israel sus transgresiones y rebelión, para que pudiera humillar sus corazones ante Dios por causa de sus pecados. El Señor no quería que olvidaran los errores y pecados que habían provocado su ira contra ellos. El recuerdo de sus transgresiones y de las misericordias y bondades de Dios que ellos no habían apreciado, no complacía sus sentimientos. No obstante, Dios indicó que esto debía hacerse.
(Testimonios para la Iglesia T3, 351)

Moisés después que recibió las segundas tablas de piedra…su rostro resplandeció con la gloria de Dios.
(…)
Así ocurrirá cuando los santos de Dios sean glorificados justo antes del segundo advenimiento de nuestro Señor.
(Testimonios para la Iglesia T3, 390, 391)

Piense en la vida de Moisés. La mansedumbre en medio de las murmuraciones, reproches y provocaciones constituía el rasgo más destacado de su carácter.
(Testimonios para la Iglesia, T4, 361)

El siguiente texto se refiere a la justa indignación contra el pecado, que surge del celo por la gloria de Dios, y no al enojo promovido por la ambición del amor propio herido: “Airaos, y no pequéis”. Tal fue el enojo de Moisés.
(TM, 101)