Mundo

El fuerte amor al mundo vence o absorbe el amor a la verdad.
(Testimonios T1, 42)

No debemos medirnos por el mundo, ni por las opiniones de los hombres, ni por lo que éramos antes de aceptar la verdad.
(Testimonios T1, 157)

El ser cristiano a medias y mundano a medias hace que uno sea cristiano en una centésima parte, y mundano en todo lo demás.
(Testimonio T1, 240) (T2, 239)

Nunca manifiesta el hombre mayor insensatez que cuando sacrifica la fidelidad y el honor que debe a Dios a fin de ser aceptado y reconocido en el mundo.
(Testimonios T3, 152)

Se me mostró que el amor al mundo ha alejado en gran medida a Jesús de la iglesia. Dios quiere que se produzca un cambio; una entrega total a él. (…)
Cuando el corazón está dividido, y se dedica principalmente a las cosas del mundo y muy poco a las cosas de Dios, no puede haber un incremento especial de la fortaleza espiritual.
(T2, 171)

Los adventistas del séptimo día, que profesan esperar y amar la aparición de Cristo, no deberían seguir el proceder de los mundanos.
(T2, 400)

La iglesia tiene por delante el amanecer de un día esplendoroso y glorioso, siempre y cuando se vista con la cota de la justicia de Cristo, apartándose de toda alianza con el mundo.
(T8, 19)

El peligro que han corrido los hijos de dios durante los últimos años ha sido el amor al mundo. De este han nacido los pecados del egoísmo y de la codicia. Cuanto mas obtienen de este mundo, tanto mas fijan sus afectos en el; y tanto mas procuran obtener.
(Joyas Testimonios T1, 41)

El mundo no debe ser nuestro criterio. (Notas Biográficas, 353)

Las costumbres del mundo no constituyen el criterio que debe seguir el cristiano.
(Consejos Sobre Mayordomía Cristiana, 150)

“No debemos introducir el mundo en la iglesia ni casarlo con ella, estableciendo así un vínculo de unidad. De esa manera la iglesia ciertamente se corromperá; llegará a ser, como se declara en el Apocalipsis, “albergue de todo ave inmunda y aborrecible.” (TM, 265)

“Levantemos nuestra voz de advertencia contra el plan de atraer a la gente a nuestras reuniones sociales por medio de métodos mundanos.” (TM, 277)

No debemos entrar en confederación con el mundo, suponiendo que al hacerlo podíamos lograr un éxito mayor.
(C. Salud, 522)

Muchos alegan que al unirse con los mundanos y amoldarse a sus costumbres se verán en situación de ejercer una influencia poderosa sobre los impíos. Pero todos los que se conducen así se separan con ello de la Fuente de toda fortaleza. Haciéndose amigos del mundo, son enemigos de Dios.
(PP, 658)

“Cristo no obliga a los hombres; los atrae. La única fuerza que emplea es el amor. Siempre que la iglesia procure la ayuda del poder del mundo, es evidente que le falta el poder de Cristo y que no la constriñe el amor divino.”
(Palabras de Vida del Gran Maestro, 109)

Que nadie, por temor de perder prestigio en el mundo, oscurezca un solo rayo de luz que proviene de la Fuente de toda luz.
Se requiere valor moral para hacer la obra de Dios en estos días, pero que nadie sea conducido por el espíritu de la sabiduría humana. La verdad debiera ser todo para nosotros. Que los que quieren hacerse de renombre en el mundo se vayan con el mundo.
(Alza tus Ojos, 6 junio)

No podemos preparar el camino ganando la amistad del mundo, que es enemistad contra Dios;
(Mensajes Selectos, t1, 144)

El alma está engañada cuando confía en la política mundanal y en las invenciones humanas en vez de confiar en el Señor Dios de Israel.
(Mensajes Selectos, tomo 2, 148)

No tenéis que mirar hacia el mundo a fin de saber lo que debéis escribir y publicar o le que debéis hablar.
(Mensajes Selectos, tomo2, 426)

La mayoría de los cristianos nominales, aunque profesan vivir para Cristo, están realmente viviendo para el mundo.
(Consejos Maestros, 310)

No hemos de elevar nuestra norma tan sólo un poquito sobre la norma del mundo, sino que hemos de hacer la diferencia incontestablemente evidente. . .
(MAR, 45)

En cuanto logró Satanás que la iglesia aceptase los favores y honores del mundo so pretexto de recibir beneficios, empezó a perder ella el favor de Dios.
(PE, 226-228)

El mundo sólo puede ser expulsado del alma llenando a ésta de Cristo.
(ATO, 256)

La iglesia de Dios porque se ha amoldado al mundo, es más mundana que cristiana y esto es transgredir la ley de Dios.
(Cada Día Con Dios, 28)

Al conformarse la iglesia a las costumbres del mundo, se vuelve mundana; pero esa conformidad no convierte jamás al mundo a Cristo.
(CS, 563)

No debemos entrar en ningún tipo de asociación con el mundo, suponiendo que así obtendremos mayores ventajas. Todo lo que se haga en esta dirección y que impida el avance de la obra en los sectores que Dios ha señalado, le desagrada al Señor.
(Cristo Triunfante, 352)

Que los que quieran hacerse de renombre en el mundo se vayan con el mundo.
(Cristo Triunfante, 360)

Cuando su pueblo salga del mundo y abandone sus máximas, hábitos y prácticas, el Señor Jesús obrará con su iglesia; derramará una gran medida de su Espíritu sobre ella, y el mundo conocerá que el Padre la ama. (Recibiréis Poder, 292)

Se me instruye decir que en nuestra obra educativa no debe haber componendas con el fin de alcanzar las normas del mundo. El pueblo de Dios guardador de los mandamientos no debe unirse con el mundo para seguir las diversas ramas de trabajo de acuerdo con los planes y la sabiduría mundanos. (…)
Decidamos que no nos uniremos si siquiera por un hilo a los sistemas educacionales de los que disciernen la voz de Dios ni acatan sus mandamientos.
(MM, 80)

Que nadie chasquee al Señor al fomentar en sus asambleas la idea de que necesitamos obtener de los incrédulos una educación más alta que la especificada por Dios.
(MM, 81)

No debemos copiar las costumbres ni las prácticas de los sabios del mundo para ganar favor e influencia.
(MM, 210)

Dios no puede apoyar a ninguna institución a menos que ésta enseñe los principios vivos de su ley y mantenga sus propias acciones en estricta conformidad con estos preceptos. Sobre las instituciones que no se mantienen de de acuerdo con su ley, él pronuncia la sentencia: “No aceptada; pesada en las balanzas del santuario y hallada falta.
(MM, 214)

Es un grave error de parte de aquellos que son hijos de Dios, el tratar de acortar la distancia que separa a los hijos de la luz de los hijos de las tinieblas renunciando a sus principios, y
comprometiendo la verdad. Esto sería renunciar a la paz de Cristo para hacer paz o fraternizar con el mundo. El sacrificio es demasiado costoso para que los hijos de Dios hagan paz con el mundo renunciando a los principios de la verdad.
(Review and Herald, 24 de julio del 1894.)

Nuestro pequeño mundo, que es bajo la maldición del pecado la única mancha oscura de su gloriosa creación, será honrado por encima de todos los demás mundos en el universo.
(DTG, 18)

No debemos pensar que obtendremos toda la ayuda que necesitamos del mundo conformándonos ligeramente a sus normas, y a pesar de eso continuar siendo adventistas del séptimo día. No puede haber unión entre Dios y Mamón.
(Manuscrito 169ª, 14 julio 1902)

El mundo y los miembros inconversos de la iglesia se atraerán mutuamente.
(Manuscrito 64, 19 mayo 1898)

Los hombres permiten que sus mentes se llenen a tal punto de oscuridad y confusión por la conformidad con las costumbres e influencias mundanas, que parecen haber perdido toda facultad de discernir entre la luz y las tinieblas, entre la verdad y el error.
(PR, 133)

Diariamente la iglesia se está convirtiendo al mundo.
(SC, 58)

Hay entre nuestros miembros de iglesia muchos que, mientras profesan andar en los caminos del Señor, está incorporando a su profesión de fe vida cristiana los procedimientos y hábitos de un yo no convertido, y que en consecuencia están corrompiendo sus caracteres. Se introduce tanta frivolidad en el hogar y en la iglesia, que se agravia el Espíritu de Cristo. Hay familias enteras entre nosotros que, a menos que despierten de su somnolienta indiferencia, se perderán, porque no se están convirtiendo diariamente.
(Australasian Union Conference Record. April 29, 1907; This Day With God, 73)

El mundo está contra nosotros, y también las iglesias populares; las leyes del país pronto estarán contra nosotros.
(Testimonios para la Iglesia, tomo 5, 218)