Reprensión

Hay miembros de iglesia, y aún predicadores, que han simpatizado con personas desleales que han sido reprochadas por sus errores, lo cual ha producido como resultado división de sentimientos. El que ha salido a cumplir su desagradable deber reprochando fielmente el error y el mal, se siente afligido y herido porque no recibe plena simpatía de sus hermanos en la predicación. Vuelve desanimado después de haber cumplido esos dolorosos deberes, deja caer su cruz y retiene los testimonios definidos y directos. Su alma queda envuelta en tinieblas y la iglesia sufre por faltar precisamente el testimonio que Dios se había propuesto que viviera entre su pueblo. Se cumple el propósito de Satanás cuando se suprime el testimonio fiel. Los que simpatizan fácilmente con el mal lo consideran como virtud pero no comprenden que están ejerciendo una influencia desorganizadora y que ellos mismos están ayudando a llevar a cabo los planes de Satanás.
(Testimonios, 1, 195)

El verdadero pueblo de Dios, que toma a pecho el espíritu de la obra del Señor y la salvación de las almas, verá siempre al pecado en su verdadero carácter pecaminoso. Estará siempre de parte de los que denuncian claramente los pecados que tan fácilmente asedian a los hijos de Dios.
(Testimonios para la Iglesia, T3, 295)

Aquellos que permanecen en defensa del honor de Dios y mantienen la pureza de la verdad a cualquier costo tendrán múltiples pruebas, como ocurrió con nuestro Salvador en el desierto de las tentaciones. Mientras que aquellos que tienen temperamentos complacientes, que no tienen valor para condenar el error, pero guardan silencio cuando se necesita su influencia para mantenerse en defensa de lo recto contra cualquier presión, pueden evitar muchos dolores de cabeza y eludir muchas perplejidades, pero también perderán una rica recompensa, si no sus propias almas.
(Testimonios para la Iglesia T3, 333)

Aquellos que en el temor de Dios se han aventurado a enfrentar fielmente el error y el pecado, llamando al pecado por el nombre que le corresponde, han cumplido con un deber desagradable que les ha acarreado gran sufrimiento emocional; consiguen la simpatía de unos pocos y sufren el menosprecio de muchos. Pero los simpatizantes de los pecadores reprendidos están del lado equivocado y cumplen los propósitos de Satanás para derrotar el designio de Dios. (sigue)
Siempre se encontrarán aquellos que simpatizarán con los que están equivocados. Satanás tuvo simpatizantes en el cielo, y tomó consigo una gran cantidad de ángeles. Dios y Cristo y los ángeles celestiales estaban de un lado, y Satanás del otro. Pese al poder infinito y a la majestad de Dios y de Cristo, hubo ángeles que se volvieron desleales. Las insinuaciones de Satanás tuvieron efecto y ellos realmente llegaron a creer que el Padre y el Hijo eran sus enemigos y que Satanás era su benefactor. Satanás tiene el mismo poder y el mismo control sobre las mentes ahora, sólo que lo ha centuplicado mediante el ejercicio y la experiencia.
(Testimonios para la Iglesia T3, 361)

Siempre habrá quienes desprecien al que se atreva a reprender el pecado; pero hay ocasiones en que debe darse la reprensión. (…)
A medida que los defectos se desarrollen, requerirán reprensión. Si los que se hallan en puestos importantes no los reprendieran nunca ni exhortasen, pronto se produciría una condición de desmoralización que deshonraría grandemente a Dios.
(Testimonios para la Iglesia T3, 396)

¿Quienes están siguiendo el consejo de Dios en este tiempo? ¿Son aquellos que virtualmente excusan los males entre el profeso pueblo de Dios y quienes murmuran en su corazón, aunque no abiertamente, contra aquellos que reprenden el pecado? ¿Son aquellos que se colocan contra quienes reprenden el pecado y simpatizan con los que obran el mal? ¡Ciertamente no! A no ser que se arrepientan, y dejen el trabajo de Satanás al oprimir a aquellos que tienen la pesada carga de denunciar los pecadores de Sión, nuca recibirán el sello de aprobación de Dios. Ellos caerán en la destrucción general de los impíos…
(Testimonies, 3, 267)

Nunca la censura y el reproche han rescatado a nadie de una posición errónea, sino que han alejado a muchos de la verdad y han endurecido sus corazones contra el convencimiento.
(Testimonios para la Iglesia 4, 68)

Los judíos (…) rechazaron las enseñanzas de Cristo porque reprendía sus pecados.
(Testimonios para la Iglesia T4, 227)

El testimonio escrutador del Espíritu de Dios “separará a los de Israel que han combatido los medios que Dios ha establecido para mantener libre de corrupciones a la iglesia. Hay que llamar al error por su nombre. Los pecados graves tienen que ser censurados como corresponde. Todos los hijos de Dios debieran acercarse más a él… Entonces verán el pecado en la verdadera luz y comprenderán cuán ofensivo es para Dios”. “El testimonio claro y directo debe vivir en la iglesia, porque en caso contrario la maldición de Dios descansará sobre su pueblo con tanta seguridad como pesó sobre Israel debido a sus pecados”.
(Testimonios, t5, 634)

Los que destruyen el efecto de la advertencia, cegando los ojos de los pecadores para que no vean el carácter y los verdaderos resultados del pecado, a menudo se lisonjean de que en esa forma demuestran su caridad; pero lo que hacen es oponerse directamente a la obra del Espíritu Santo de Dios e impedirla;
(PP, 376)

Aunque el amor de Dios transforma a su poseedor en manso y humilde de espíritu, erradicando todo odio y venganza, todo aquello que no es santo; sin embargo, no dejará al cristiano sin poder para oponerse y reprender el pecado. Si hay errores peligrosos que amenazan la fe; ya sea a través del esfuerzo de miembros de iglesia engañados o falsos pastores, serán denunciados y se les opondrá con firme decisión.
(Signs of Times, 13 Enero, 1888.)

La censura y el oprobio no rescataron jamás a nadie de una posición errónea; pero ahuyentaron de Cristo a muchos y los indujeron a cerrar sus corazones para no dejarse convencer. Un espíritu bondadoso y un trato benigno y persuasivo pueden salvar a los perdidos y cubrir multitud de pecados. La revelación de Cristo en nuestro propio carácter tendrá un poder transformador sobre aquellos con quienes nos relacionemos.
(Discurso Maestro de Jesucristo, 109)

El verdadero pueblo de Dios,…estará siempre de parte de los que denuncian claramente los pecados que tan fácilmente asedian a los hijos de Dios.
(1JT.335)

Los que yerran no pueden ser restaurados de otra manera alguna que por el espíritu de mansedumbre, amabilidad y tierno amor.
(2 JT, 256)

Los que dan un franco testimonio contra el pecado, tan ciertamente serán aborrecidos como lo fue el Maestro que les dio esa obra para hacerla en su nombre. Al igual que Cristo, serán llamados enemigos de la iglesia y de la religión, y mientras más fervientes y leales sus esfuerzos para honrar a Dios, más amarga será la enemistad de los impíos e hipócritas. Pero no nos debemos desanimar cuando seamos tratados así.
(Mensajes Selectos, t1, 83)

“¿Dónde están los atalayas que deberían estar de pie sobre las murallas de Sion? ¿Están durmiendo?
(Mensaje Selectos, t1, 238)

Estamos viviendo en los últimos días de la historia terrena, y no debe sorprendernos nada que ocurra en términos de apostasía y de negación de la verdad. La incredulidad se ha convertido ahora en un arte que los hombres ejercen para la destrucción de sus almas. Existe constantemente el peligro de la existencia de impostores entre los predicadores del púlpito, cuyas vidas contradigan las palabras que pronuncian; pero la voz de advertencia y amonestación se escuchará mientras dure el tiempo; y los que sean culpables de transacciones que nunca deberían haber realizado, cuando sean reprochados o aconsejados mediante los instrumentos señalados por el Señor, resistirán el mensaje y rehusarán ser corregidos. Seguirán adelante tal como lo hicieron Faraón y Nabucodonosor, hasta que el Señor les quite la razón y sus corazones ya no puedan ser impresionados. Oirán la palabra del Señor, pero si prefieren no prestarle atención, el Señor los hará responsables de su propia ruina.
(Mensaje Selectos, t2, 167)

¿Piensa alguien que los mensajes de amonestación no llegarán hasta aquellos a quienes Dios reprocha? Los que son reprochados pueden levantarse indignados y procurar acallar mediante la ley al mensajero de Dios; pero al hacer esto no están poniendo la ley sobre el mensajero sino sobre Cristo, quien dio el reproche y la amonestación. Cuando los hombres ponen en peligro la obra y la causa de Dios debido a su conducta equivocada, ¿no oirán la voz de reproche? Si esto tuviera que ver únicamente con el que hace el mal, si el daño no pasara de él, entonces él solo debería recibir las palabras de amonestación; pero cuando su conducta provoca un daño definido a la causa de la verdad, y pone en peligro a las almas, Dios requiere que la advertencia se proclame con la misma amplitud que tiene el perjuicio que se ha realizado.
(Mensajes Selectos, t2, 173, 174)

Los que destruyen el efecto de la advertencia (…) lo que hacen es oponerse directamente a la obra del Espíritu Santo de Dios e impedirla.
(PP, 376)

Cuan pocos aceptan la reprensión con gratitud de corazón, y bendicen a los que tratan de evitarles que sigan un sendero malo.
(PP, 725)

Sustituir la santidad del corazón y la vida por las formas exteriores de la religión, es tan agradable para la naturaleza no renovada hoy como en los días de esos maestros judíos. Hoy, como entonces, hay falsos guías espirituales, a cuyas doctrinas muchos prestan atención ansiosamente. El esfuerzo premeditado de Satanás procura apartar las mentes de la esperanza de salvación mediante la fe en Cristo y la obediencia a la ley de Dios. En toda época el gran enemigo adapta sus tentaciones a los prejuicios e inclinaciones de aquellos a quienes trata de engañar. En los tiempos apostólicos inducía a los judíos a exaltar la ley ceremonial y a rechazar a Cristo; y actualmente induce a muchos profesos cristianos, con el pretexto de honrar a Cristo, a menospreciar la ley moral y a enseñar que sus preceptos pueden ser transgredidos impunemente. Es el deber de todo siervo de Dios resistir firmemente a estos pervertidores de la fe y, por la palabra de verdad, exponer denodadamente sus errores.
(Hechos de los Apóstoles, 310)

Estamos viviendo en los últimos días, cuando la verdad debe ser hablada, cuando debe ser dada al mundo en forma de reproche y amonestaciones, cualesquiera sean las consecuencias. Si hay algunos que se ofenden y abandonan la verdad, debemos tener en cuenta que hubo personas tales que hicieron lo mismo en los días de Cristo…
(Mensajes Selectos, tomo 3, 482)

Nadie rehúse ser reprendido por su mal proceder, ni acuse a los siervos de Dios de ser demasiado celosos al procurar limpiar de malas acciones el campamento. Un Dios que aborrece el pecado invita a los que aseveran guardar su ley a que se aparten de toda iniquidad.
(PR. 306, 307)

El espíritu de oposición a la reprensión, que condujo a la persecución y encarcelamiento de Jeremías, existe hoy. Muchos se niegan a escuchar las repetidas amonestaciones, y prefieren escuchar a los falsos maestros que halagan su vanidad y pasan por alto su mal proceder.
(PR. 322)

Hasta el fin del tiempo, se levantarán hombres que querrán crear confusión y rebelión entre los que aseveran ser representantes del Dios verdadero. Los que profetizan mentiras alentarán a los hombres a considerar el pecado como cosa liviana. Cuando queden manifiestos los terribles resultados de sus malas acciones, procurarán, si pueden, responsabilizar de sus dificultades al que los amonestó fielmente, así como los judíos culparon de su mala suerte a Jeremías.
(PR. 326)

En el tiempo del fin, los hijos de Dios estarán suspirando y clamando por las abominaciones cometidas en la tierra. Con lágrimas advertirán a los impíos el peligro que corren al pisotear la ley divina, y con tristeza indecible y penitencia se humillarán delante del Señor.
(PR. 433)

Cualquier influencia tendiente a hacer vacilar la fe del pueblo de Dios en su poder guiador debe ser resistida con firmeza.
(PR. 488)

El que reprende el mal debe revelar siempre el espíritu de Cristo.
(PR. 498)

Hoy hay falsos guías espirituales, a cuyas doctrinas muchos prestan atención ansiosamente. (….) Es el deber de todo siervo de Dios resistir firmemente a estos pervertidores de la fe y, por la palabra de verdad, exponer valientemente sus errores.
(HA, 310)

Odiar y reprender el pecado y al mismo tiempo manifestar misericordia y ternura hacia el pecador, es tarea difícil. Cuanto más fervoroso sea nuestro esfuerzo para obtener santidad de vida y corazón, tanto más aguda será nuestra percepción del pecado y más decidida nuestra desaprobación frente a cualquier desviación de lo recto. Debemos cuidarnos de no ser excesivamente severos hacia los que obran mal, pero al mismo tiempo no debemos perder de vista la suma gravedad del pecado. Es necesario manifestar paciencia y amor cristiano por el pecador; pero también existe el peligro de ser tan tolerantes con sus errores, que le parezca inmerecida la reprensión, y la rechace como innecesaria e injusta.
A veces los ministros del Evangelio causan mucho daño al permitir que su lenidad hacia los que yerran degenere en tolerancia de pecados y hasta en su participación en ellos. De este modo son inducidos a excusar y no darle importancia a lo que Dios condena; y después de un tiempo se ciegan de tal modo que son capaces de elogiar a los mismos a quienes Dios les ordenó reprender.
(HA, 401)

Temiendo que la disposición mansa y acomodaticia de Timoteo lo indujese a rehuir una parte esencial de su obra, Pablo lo exhortó a ser fiel en reprender el pecado, hasta en reprender vivamente a los que fuesen culpables de graves males. Sin embargo, había de hacerlo “con toda paciencia y doctrina.”
(OE, 30)

En todas las circunstancias la reprensión debe ser hecha con amor.
(OE, 159)

Cuando el error es evidente entre los hijos de Dios y sus servidores los consideran con indiferencia, implícitamente están apoyando y justificando al pecador, y son igualmente culpables, y lo mismo que ellos serán objeto del desagrado divino; y además serán considerados responsables de los pecados de los culpables.
(T5, 633)

La única manera de restaurar a los que han cometido errores es por medio de un espíritu de humildad, bondad y tierno amor.
(T2, 48)

Si en alguna cosa he fallado, ha sido en no reprender el pecado más decididamente y con mayor firmeza.
(T5, 18)

El aumento de la impiedad exige una amonestación tanto más decidida al arrepentimiento.
(T7, 34)

Las burlas y los reproches apasionados nunca producen reforma.
(ATO, 92)

Cuando sea necesario dar una reprensión hágase esta desagradable tarea con tristeza y amor.
(COES, 192)

Cuando se ha de hacer un reproche severo, puede, sin embargo, hacerse con bondad. (…) Haga que a toda corrección, sigan las gotas de la bondad.
(La Voz, 47)

Debemos decir la verdad con amor, (…) el Espíritu Santo llevará al alma, la palabra dicha con amor.
(La Voz, 145)

Él descarriado, no puede ser restaurado de otra manera, que con un espíritu de mansedumbre y tierno amor.
(La Voz, 148)

Nadie mejorará nunca mediante la acusación y la recriminación.
(La Voz, 166)

Por causa del pecado, Satanás fue expulsado del cielo; y ningún hombre que consienta o fomente el pecado puede ir al cielo, porque entonces Satanás tendría nuevamente entrada allí.
(4T, 346; La Segunda Venida y el Cielo, 179)

La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en los más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la verdad aunque se desplomen los cielos.
(Educación, 54)

Dios mismo había establecido el orden del cielo, y Lucifer al apartarse de él, iba a deshonrar a su Creador y a atraer la ruina sobre si mismo. Pero la amonestación dada con un espíritu de amor y misericordia infinitos, sólo despertó espíritu de resistencia. (CS, 548)… La reprensión del pecado despierta aún el espíritu de odio y resistencia. Cuando los mensajeros que Dios envía para amonestar tocan a la conciencia, Satanás induce a los hombres a que se justifiquen y a que busquen la simpatía de otros en su camino de pecado. En lugar de enmendar sus errores, despiertan la indignación contra el que los reprende, como si éste fuera la única causa de la dificultad. Desde los días del justo Abel hasta los nuestros, tal ha sido el espíritu que se ha manifestado contra quienes osaron condenar el pecado. (CS, 554)

Habrá hombres de fe y de oración que se sentirán impelidos a declarar con santo entusiasmo las palabras que Dios les inspire. Los pecados de Babilonia serán denunciados. Los resultados funestos y espantosos de la imposición de las observancias de la iglesia por la autoridad civil, las invasiones del espiritismo, los progresos secretos pero rápidos del poder papal, todo será desenmascarado. Estas solemnes amonestaciones conmoverán al pueblo. . . Cuando el pueblo acuda a sus antiguos conductores espirituales a preguntarles con ansia: ¿Son estas cosas así? los ministros aducirán fábulas, profetizarán cosas agradables para calmar los temores y tranquilizar las conciencias despertadas. Pero como muchas personas no se contentan con las meras razones de los hombres y exigen un positivo “Así dice Jehová”, los ministros populares, como los fariseos de antaño, airándose al ver que se pone en duda su autoridad, denunciarán el mensaje como si viniese de Satanás e incitarán a las multitudes dadas al pecado a que injurien y persigan a los que lo proclaman.
(CS. 664,665)

Los miembros de la iglesia que están despiertos se levantarán ante la emergencia para presentar las manifestaciones del poder satánico en su verdadera luz delante de la gente. (Recibiréis Poder, 342)

Dios no envía mensajeros para que adulen al pecador. No da mensajes para colocar en una seguridad fatal a los que no están santificados. Impone pesadas cargas a la conciencia del que hace el mal, y atraviesa el alma con flechas de convicción. Los ángeles ministradores le presentan los temibles juicios de Dios para ahondar el sentido de su necesidad, e impulsarle a clamar: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Entonces la mano que humilló en el polvo, levanta al penitente. (DTG, 79)

Al siervo de Dios en nuestros días se dirige la orden: ¡Alza tu voz como trompeta! ¡Declara a mi pueblo su trasgresión, a la casa de Jacob sus pecados! (CS. 512)

Los siervos de Dios deben levantarse, clamar y no escatimar esfuerzos para declarar “a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. (1JT, 68)

El Señor ha suscitado mensajeros, los ha dotado de su Espíritu, y les ha dicho: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado.” No corra nadie el riesgo de interponerse entre el pueblo y el mensaje del cielo. Este mensaje llegará a la gente; y si no hubiese voz entre los hombres para darlo, las mismas piedras clamarían. (OE, 319)

Somos tan responsables de los males que hubiéramos podido impedir en otros mediante
la reprensión, la advertencia y el ejercicio de la autoridad paternal o pastoral, como si hubiésemos cometido los tales hechos nosotros mismos.
Aquellos que no tienen suficiente valor para reprender el mal, o que por indolencia o falta de
interés no hacen esfuerzos fervientes para purificar la familia o la iglesia de Dios, son considerados responsables del mal que resulte de su descuido del deber.
(Testimonies, vol. IV, p. 516).

La historia de Acán enseña la solemne lección de que por el pecado de un hombre, el desagrado de Dios recaerá sobre un pueblo o una nación hasta que la trasgresión sea descubierta y castigada. El pecado es corruptor por naturaleza. Un hombre infectado de esa lepra mortal puede transmitir la mancha a miles. Los que ocupan posiciones de responsabilidad como guardianes del pueblo, traicionan la confianza depositada en ellos si no son fieles en buscar, descubrir y reprender el pecado. . .
(Conflicto y Valor, 120)

En la obra de reforma que debe ejecutarse hoy, se necesitan hombres que, como Esdras y Nehemías, no reconocerán paliativos ni excusas para el pecado, ni rehuirán de vindicar el honor de Dios. Aquellos sobre quienes recae el peso de esta obra no callarán cuando vean que se obra mal ni cubrirán a éste con un manto de falsa caridad. Recordarán que Dios no hace acepción de personas y que la severidad hacia unos pocos puede resultar en misericordia para muchos.
(Profetas y Reyes, 498)

En nuestros días hay muchos falsos profetas que no consideran que el pecado sea repulsivo. Se quejan de que las reprensiones y las advertencias de los mensajeros de Dios alteran innecesariamente la paz del pueblo.
(Testimonios para la Iglesia 4, 183)

Amo tu vida y quiero que tengas vida eternal. Debo decirte la verdad. (EGW a Kellog)
(Carta 174, 1902; 12MR.4)

El siervo de Dios no debe permitir que su propio espíritu se interponga con la reprensión que se le manda a dar, sino que está bajo la obligación más solemne de presentar la palabra de Dios, sin temor ni concesiones.
(Señales de los Tiempos, 21 abril 1881)

Cada vez que regañáis, perdéis una preciosa oportunidad de dar una lección de tolerancia y paciencia. Sea el amor el rasgo más destacado de vuestra corrección de lo malo.
(H.Ad.399, 400)