Sabado

A fin de santificar el sábado, los hombres mismos deben ser santos.
(DTG, 250)

Hagan los miembros de la iglesia fielmente su parte durante la semana, y relaten sus experiencias el sábado.
(OE, 210)

En los campos nuevos, nuestro desarrollo ha sido lento, porque las verdades especiales que presentamos no son populares en el mundo. La observancia del sábado como día de reposo es una cruz pesada para todo aquel que acepta la verdad. Muchos de los que pueden ver que nuestras doctrinas están sostenidas por las Escrituras, rehuyen aceptarlas porque no desean ser singulares, o porque la obediencia a la verdad los privaría de su modo de ganarse la vida. En vista de estas cosas, se necesita mucha sabiduría al idear el modo de presentar la verdad a la gente.
(OE, 477)

La mente no puede ser refrigerada, vivificada y elevada si quedamos encerrados durante casi todas las horas del sábado entre paredes, escuchando largos sermones y oraciones tediosas y formales. El sábado recibe un uso erróneo si se lo celebra así.
(Testimonios T1, 276)

Se infringe el cuarto mandamiento al con conversar de cosas mundanales, o al dedicarse a una conversación liviana y trivial.
(Testimonios T1, 287)

Las circunstancias no justificarán a nadie que trabaje en sábado por amor a la ganancia mundanal.
(1JT, 501)

La señal de obediencia es la observancia del sábado del cuarto mandamiento. Si los hombres guardan el cuarto mandamiento, guardarán el resto.
(T.M., 134)

El Señor tiene una controversia con su profeso pueblo en estos últimos días. En esta controversia, los hombres de posiciones de responsabilidad tomarán un curso de acción totalmente contrario al que tomó Nehemías. Ellos no sólo ignorarán y despreciarán el sábado, sino que tratarán de encubrirlo a otros (…) En iglesias y en grandes congregaciones al aire libre, los ministros presionarán al pueblo para que guarden el primer día de la semana.
(R&H, 18 marzo, 1884)

Debemos tener cuidado de no ubicarnos donde sea difícil guardar el sábado para nosotros y nuestros hijos.
(MAR, 178)

El sábado es la señal de la obediencia. Aquel que obedece de corazón el cuarto mandamiento obedecerá toda la ley.
(MGD, 156)

No puede demostrarse un desprecio mayor hacia el Creador que despreciar visiblemente el día que él ha santificado.
(Manuscrito 16, 1 octubre 1890)

¿Cómo pueden los padres trabajar en armonía con el mandato de santificar el sábado, mientras acompañan a sus hijos a la escuela o a la academia en el día sábado, el día que Dios ha santificado y bendecido?
(Manuscrito 34, 16 abril 1897)

Nuestros hermanos no pueden esperar la aprobación de Dios mientras exponen a sus hijos a lugares donde les sea imposible obedecer el cuarto mandamiento. Deben esforzarse para hacer algún tipo de arreglo con las autoridades, para que sus hijos sean eximidos de asistir a la escuela en el séptimo día. Si eso falla, su deber es obvio: deben obedecer los requisitos de Dios a toda costa…
Si los padres permiten que sus hijos reciban educación en el mundo y hagan del sábado un día común, entonces no podrá ser puesto sobre ellos el sello de Dios. Serán destruidos con el mundo; y ¿no recaerá su sangre sobre los padres?
(Manuscrito 3, 8 octubre 1885)

La primera semana, en la cual Dios hizo la obra de la creación en seis días y descansó el séptimo, fue una semana como cualquier otra. En sus días de creación y el día de reposo, el gran Dios midió el primer ciclo como una muestra para las semanas subsiguientes hasta el fin del tiempo. “Éstas son las generaciones de los cielos y la tierra cuando fueron creados”. En cada día de la creación, Dios nos presenta el resultado de su obra. Él consideró cada día una generación, porque durante cada día Él generó, o produjo, alguna porción nueva de su obra. Dios descansó de su labor en el séptimo día de la primera semana, y entonces bendijo el día de su descanso y lo apartó para el uso del hombre. El ciclo semanal de siete días literales, seis para trabajar y el séptimo para el descanso, los cuales han sido preservados a lo largo de la historia bíblica, tuvieron su origen en las grandes realidades de los
primeros siete días.
Signs of the Times (Las Señales de los Tiempos), 20 de marzo de 1879

I saw all that “would not receive the mark of the Beast, and of his Image, in their foreheads or in their hands,” could not buy or sell. [Rev. 13:15-17] I saw that the number (666) of the Image Beast was made up; [Rev.13:18] and that it was the Beast that changed the Sabbath, and the Image Beast had followed on after, and kept the Pope’s, and not God’s Sabbath. And all we were required to do, was to give up God’s Sabbath, and keep the Pope’s, and then we should have the mark of the Beast, and of his image.
(A World to the Little Flock, 19)