Santa Cena

Por la noche asistí a la reunión para el servicio de comunión y el lavamiento de los pies.
(Mensajes Selectos, tomo 3, 299)

El Espíritu del Señor estuvo en la reunión. El Señor me dio libertad en la exhortación. A la puesta del sol se celebró la Cena del Señor. Fue una ocasión solemne e interesante.
(Mensajes Selectos, tomo 3, 300)

Los mensajeros del príncipe de las tinieblas acompañan a todos los que se niegan a ser dirigidos por el Espíritu Santo.
(DTG, 612)

Los ritos del bautismo y la Cena del Señor son dos pilares monumentales, uno que está dentro y otro que esté fuera de la iglesia. Sobre estos ritos Cristo ha inscripto el nombre del verdadero Dios
(Manuscrito 27 1/2, 1900).

En los primeros días del movimiento adventista, cuando nuestros miembros eran pocos, la celebración de los ritos constituía una ocasión sumamente provechosa. El viernes antes de ese acontecimiento, cada miembro de iglesia se esforzaba por remediar todo aquello que tendiera a separarlo de los hermanos y de Dios. Se efectuaba una cuidadosa investigación del corazón, se ofrecían sinceras oraciones pidiendo que Dios revelase los pecados ocultos; se hacían confesiones de engaños en los negocios, de palabras ofensivas pronunciadas con apresuramiento y de pecados acariciados. El Señor se acercaba a nosotros, y recibíamos mucho poder y ánimo
(Manuscrito 102, 1904).
Es el comienzo de un nuevo año. El Señor le dio a Jaime libertad el sábado de tarde al predicar sobre la necesaria preparación para el bautismo y para participar en la Cena del Señor. La congregación se sintió conmovida. Durante el intervalo todos acudieron a las aguas, donde siete personas siguieron a su Señor en el bautismo. Fue una reunión poderosa y resultó del mayor interés. Dos hermanitas de unos once años se bautizaron. Una, Cornelia C., oró mientras estaba en el agua para que fuera preservada de la contaminación del mundo. Por la tarde la iglesia siguió el ejemplo de su Señor, y los hermanos se lavaron mutuamente los pies, y entonces participaron de la Cena del Señor. Había regocijo y lágrimas en la iglesia. Era un lugar lleno de reverencia y sin embargo lleno de gloria, debido a la presencia del Señor (Manuscrito 5, 1859).
La Hna. Brackett, la Hna. Lane y su hija, la Hna. Scott y la Hna. Smith vinieron de Convis y asistieron a la reunión en Battle Creek. Almorzaron en nuestra casa. Las reuniones fueron interesantes todo el día. El Hno. Waggoner predicó por la mañana. Su discurso fue apropiado. En el intervalo cuatro fueron bautizados: las Hnas. Hide, Scott y Agnes Irving, y el Hno. Pratt. Nuestra reunión de la tarde fue muy interesante. Mi esposo nunca disfrutó de mayor libertad. El Espíritu del Señor estuvo en la reunión. El Señor me dio libertad en la exhortación. A la puesta del sol se celebró la Cena del Señor. Fue una ocasión solemne e interesante. Yo no pude asistir; estaba muy exhausta
(Manuscrito 6, 1859).