Santuario

En el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial.
(CS, 474)

Los que vivan en la tierra cuando cese la intercesión de Cristo en el santuario celestial deberán estar en pie en la presencia del Dios santo sin mediador.
(CS, 478)

La intercesión de Cristo por el hombre en el santuario celestial es tan esencial para el plan de la salvación como lo fue su muerte en la cruz. Con su muerte dio principio a aquella obra para cuya conclusión ascendió al cielo después de su resurrección. Por la fe debemos entrar velo adentro, “donde entró por nosotros como precursor Jesús” Hebreos 6:20. Allí se refleja la luz de la cruz del Calvario; y allí podemos obtener una comprensión más clara de los misterios de la redención, (…) Estamos viviendo ahora en el gran día de la expiación. Cuando en el servicio simbólico el sumo sacerdote hacia la propiciación por Israel, todos debían afligir sus almas arrepintiéndose de sus pecados y humillándose ante el Señor, si no querían verse separados del pueblo. De la misma manera, todos los que desean que sus nombres sean conservados en el libro de la vida, deben ahora, en los pocos días que les quedan de este tiempo de gracia, afligir sus almas ante Dios con verdadero arrepentimiento y dolor por sus pecados.
(CS, 479)

Son los que siguen por fe a Jesús en su gran obra de expiación, quienes reciben los beneficios de su mediación por ellos, mientras que a los que rechazan la luz que pone a la vista este ministerio, no les beneficia.
(CS, 483)

La intercesión de Cristo por el hombre en el santuario celestial es tan esencial para el plan de la salvación como lo fue su muerte en la cruz.
(CS, 543; Cristo en su Santuario, 136)

En el tiempo de angustia que vendrá inmediatamente antes de la venida de Cristo, los justos serán resguardados por el ministerio de los santos ángeles;
(Maranata, 268)

La correcta comprensión del ministerio del santuario celestial es el fundamento de nuestra fe… El pueblo de Dios debería comprender claramente el asunto del santuario y del juicio investigador. Todos necesitan conocer por sí mismos el ministerio y la obra de su gran Sumo Sacerdote. De otro modo, les será imposible ejercitar la fe tan esencial en nuestros tiempos, o desempeñar el puesto al que Dios los llama… El santuario en el cielo es el centro mismo de la obra de Cristo en favor de los hombres.
(Evangelismo, 165).

“El pueblo de Dios ha de tener ahora sus ojos fijos en el santuario celestial, donde se está realizando el servicio final de nuestro gran Sumo Sacerdote en la obra del juicio: donde él está intercediendo por su pueblo.”
(Evangelismo, 166).

Satanás está luchando continuamente para sugerir suposiciones fantásticas con respecto al santuario, degradando las maravillosas imágenes de Dios y el ministerio de Cristo para nuestra salvación, a fin de convertirlas en algo que cuadre con la mente carnal. Quita de los corazones de los creyentes el poder director de esas imágenes divinas y lo suple con teorías fantásticas, inventadas para anular las verdades de la expiación y para destruir nuestra confianza en las doctrinas que hemos considerado sagradas desde que fuera dado por primera vez el mensaje del tercer ángel. Él quisiera de esa manera despojarnos de nuestra fe en el mismo mensaje que nos ha convertido en un pueblo separado y que ha dado carácter y poder a nuestra obra”.
(Evangelismo, 167)

El enemigo presentará falsas doctrinas, tales como la doctrina de que no existe un santuario. Este es uno de los puntos en los cuales algunos se apartarán de la fe.
(Evangelismo, p.167)

Los pioneros del movimiento advirtieron que la verdad del santuario era fundamental en relación con toda la estructura de la doctrina adventista.
El tema del santuario debiera ser cuidadosamente examinado, puesto que en él descansa el fundamento de nuestra fe y esperanza.
(Cristo en su Santuario, 12)

El enemigo introducirá falsas teorías, tales como la doctrina de que no hay santuario. Este es uno de los puntos que inducirá a algunos a apartarse de la fe.
(Cristo en su Santuario, 16)

El santuario celestial, en el cual Jesús ministra en nuestro favor, es el gran original, del cual el santuario edificado por Moisés fue una copia…
(Cristo en su Santuario, 19)

Y aun algunos a quienes en tiempos pasados el Señor honró, se apartarán tanto de la verdad que defenderán teorías erróneas concernientes a muchos aspectos de la verdad, incluso la cuestión del santuario.
(Cristo en su Santuario, 22)

En el futuro surgirán engaños de toda clase, y necesitaremos tierra firme para nuestros pies. Necesitamos sólidas columnas para el edificio. Ni un alfiler ha de quitarse de lo que el Señor ha establecido. El enemigo introducirá falsas teorías, como la doctrina de que no existe santuario. Este es uno de los puntos en que algunos se apartarán de la fe.
(MAR, 357)

“El pasaje que sobre todos los demás había sido el fundamento y la columna dé, la fe adventista, es esta declaración: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” (Dan. 8:14).
(Historia de la Redención 393)

Estamos en el día de expiación, y hemos de obrar en armonía con la obra de Cristo de purificar el santuario de los pecados del pueblo…
(Review & Herald, 21 Enero 1890)

Cristo está purificando el templo en el cielo de los pecados del pueblo, y debemos obrar en armonía con Él en la tierra, purificando el templo del alma de su contaminación moral.
(Review & Herald, 11 Febrero 1890)

Soñé que veía un templo al cual acudían muchas personas, y únicamente quienes en él se refugiasen podrían ser salvas al fin de los tiempos, pues todos los que se quedasen fuera del templo, serían perdidos para siempre. (PE, 78)

Se eliminó el santuario, se eliminó la expiación.
(ATO, 150)

Cualquier hombre que procure enunciar teorías que nos apartarían de la luz que nos ha llegado acerca del ministerio en el Santuario celestial, no debería ser aceptado como maestro.
(ATO, 197)

Soñé que veía un templo al cual acudían muchas personas, y únicamente quienes en él se refugiasen podrían ser salvas al fin de los tiempos, pues todos los que se quedasen fuera del templo, serían perdidos para siempre. Las muchedumbres que iban por diversos caminos en las afueras del templo se burlaban de los que entraban en él y los ridiculizaban diciéndoles que aquel plan para tener seguridad era un artero engaño, pues en realidad no había peligro alguno que evitar. Hasta trababan de algunos para impedirles que entraran en el templo.
(PE, 78)

La atención de cuantos aceptan el mensaje del tercer ángel se dirige hacia el lugar santísimo.
(PE, 254)

Se me mostró que el residuo siguió por la fe a Jesús en el lugar santísimo, y al contemplar el arca y el propiciatorio, fue cautivado por su esplendor. Jesús levantó entonces la tapa del arca, y he aquí que se vieron las tablas de piedra con los diez mandamientos grabados en ellas.
(PE, 255)

Mientras Jesús está en el santuario, los gobernantes y el pueblo sienten la restricción del Espíritu de Dios.
(1JT, 74)

Nuestra fe debe atravesar hasta más allá del velo, viendo las cosas que son invisibles. Nadie puede mirar [esto] por usted. Usted debe contemplar personalmente. En lugar de murmurar por las bendiciones que son retenidas, recordemos y apreciemos las bendiciones ya concedidas.
(MS 42, 1901; 7CBA, 942).

Este es el gran día de la expiación, y nuestro Abogado está de pie ante el Padre suplicando como nuestro intercesor. En vez de ataviarnos con las vestiduras de justicia propia, deberíamos ser hallados cada día humillándonos delante de Dios, confesando nuestros pecados individuales, buscando el perdón de nuestras transgresiones y cooperando con Cristo en la obra de preparar nuestras almas para que reflejen la imagen divina. A menos que entremos en el santuario de lo alto y nos unamos con Cristo en ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, seremos pesados en las balanzas del santuario y hallados faltos.
(MS 168,1898; 7CBA, 945).

El objeto de Satanás era mantenerles engañados y llevarlos atrás y engañar a los hijos de Dios. Vi a uno tras otro de los que oraban a Jesús en el Santísimo abandonar la compañía e ir a unirse con aquellos que estaban ante el trono e inmediatamente recibieron la influencia impía de Satanás.
(Day Star, 14 de marzo, 1846)

Deberíamos cada día (…) preparar nuestras almas para que reflejen la imagen divina. A menos que entremos en el santuario de lo alto y nos unamos con Cristo en ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, seremos pesados en las balanzas del santuario y hallados faltos.
(MS 168, 1898; 7 CBA 945)

El tabernáculo judío era un símbolo de la iglesia cristiana… La iglesia en la tierra, compuesta por los que son fieles y leales a Dios, es el “verdadero tabernáculo” del cual es ministro el Redentor. Dios, y no el hombre, levantó este tabernáculo sobre una plataforma alta y elevada.
(ST 14-2-1900; 7 CBA, 943).

La sangre del Hijo de Dios era simbolizada por la de las víctimas inmoladas, y Dios quería que tuvieran ideas claras y definidas para distinguir entre lo sagrado y lo común. La sangre era sagrada, porque sólo mediante el derramamiento de la del Hijo de Dios podía haber expiación por el pecado. También se empleaba la sangre para purificar el santuario de los pecados del pueblo, para representar de este modo el hecho de que la sangre de Cristo únicamente puede purificar del pecado.
(Hijos Hijas de Dios, 227)

Estamos en el gran día de expiación, un tiempo cuando cada uno debiera afligir su alma, confesando sus pecados, humillando su corazón ante Dios, y preparándose para el gran conflicto.
(Materiales 1888, vol.1, 24,25)
This is a very important hour with us. Satan has come down with great power, and we must strive hard, and press our way to the kingdom. We have a mighty foe to contend with; but an Almighty Friend to protect and strengthen us in the conflict. If we are firmly fixed upon the present truth, and have our hope, like an anchor of the soul, cast within the second veil, the various winds of false doctrine and error cannot move us. The excitements and false reformations of this day do not move us, for we know that the Master of the house rose up in 1844, and shut the door of the first apartment of the heavenly tabernacle; and now we certainly expect that they will “go with their flocks,” “to seek the Lord; but they shall not find him; he hath withdrawn himself (within the second veil) from them.” The Lord has shown me that the power which is with them is a mere human influence, and not the power of God.
(The Present Truth, March 1, 1850)