Victoria

En Cristo, Dios ha provisto medios para subyugar todo rasgo pecaminoso y resistir toda tentación, por fuerte que sea.
(DTG, 396)

Si apreciamos el carácter de Cristo y tenemos comunión con Dios, el pecado llegará a sernos odioso.
(DTG, 621)

Cristo ha dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal, heredadas y cultivadas.
(DTG, 625)

Es necesario dedicar mucho tiempo a la oración secreta en íntima comunión con Dios. Únicamente así pueden ganarse las victorias. La eterna vigilancia es el precio de la seguridad.
(Consejos Maestros, 245)

Cuando el poder de la gracia de dios se vea en nuestras iglesia…los rasgos de carácter naturales y hereditarios seran transformados.
(TM, 416)

Los que vencen el mundo, la carne y al diablo, serán los favorecidos que reciban el sello de Dios vivo.
(TM, 452)

Jesús murió para darnos un camino de salida, a fin de que pudiésemos vencer todo mal genio, todo pecado, toda tentación y sentarnos al fin con él.
(Testimonios, 1, 136)

El poder de Dios puede transformar las tendencias heredadas y cultivadas.
(Hogar Adventista, 185)

Podemos ser victoriosos. Si; completamente, definitivamente. Jesús murió para trazar una vía de escape para nosotros, de modo que pudiéramos vencer cada falta, resistir cada tentación, y por fin sentarnos con él en su trono.
(R&H, 4 septiembre, 1883)

Las tendencias al mal, heredadas y cultivadas, son eliminadas del carácter a medida que participamos de la naturaleza divina y somos convertidos en un poder viviente para el bien.
(Review and Herald, 24 abril de 1900)

Hay muchos que pretenden servir a Dios, pero que no lo conocen por experiencia. Su deseo de hacer la voluntad divina se basa en su propia inclinación, y no en la profunda convicción impartida por el Espíritu Santo. Su conducta no armoniza con la ley de Dios. Profesan aceptar a Cristo como su Salvador, pero no creen que él quiere darles poder para vencer sus pecados. No tienen una relación personal con un Salvador viviente, y su carácter revela defectos así heredados como cultivados.
Una cosa es manifestar un asentimiento general a la intervención del Espíritu Santo, y otra cosa aceptar su obra como reprendedor que nos llama al arrepentimiento. Muchos sienten su lejanía de Dios, comprenden que están esclavizados por el yo y el pecado; hacen esfuerzos por reformarse; pero no crucifican el yo. No se entregan enteramente en las manos de Cristo, buscando el poder divino que los habilite para hacer su voluntad. No están dispuestos a ser modelados a la semejanza divina. En forma general reconocen sus imperfecciones, pero no abandonan sus pecados particulares. Con cada acto erróneo se fortalece la vieja naturaleza egoísta.
(PVGM. 29)

El amor de Cristo con su poder redentor ha venido a su corazón. Este amor subyuga todo otro motivo, y eleva a su poseedor por encima de la influencia corruptora del mundo.
(PVGM, 72)

En la oración que Cristo dirigió al Padre, dio al mundo una lección que debe ser grabada en la mente y el alma. “Esta empero es la vida eterna -dijo-: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado”. Esta es la verdadera educación. Imparte poder. El conocimiento experimental de Dios y de Cristo Jesús, a quien él ha enviado, transforma al hombre a la imagen de Dios. Le da dominio propio, sujetando cada impulso y pasión de la baja naturaleza al gobierno de las facultades superiores de la mente.
(PVGM, 85,86)

Cuando la voluntad del hombre coopera con la voluntad de Dios, llega a ser omnipotente. Cualquier cosa que debe hacerse por orden suya, puede llevarse a cabo con su fuerza. Todos sus mandatos son habilitaciones.
(PVGM, 268)

La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa la extirpación de nuestros pecados y el llenado del vacío con los dones del Espíritu Santo.
(PVGM, 345)

En todas partes hay corazones que claman por algo que no poseen. Suspiran por una fuerza que les dé dominio sobre el pecado, una fuerza que los libre de la esclavitud del mal, una fuerza que les dé salud, vida y paz.
(MC, 102)

La eliminación de las manchas del pecado requiere la obra de toda una vida. Cada día se necesita hacer esfuerzos renovados para refrenar el yo y negarlo. Cada día hay nuevas batallas que pelear y victorias que ganar. Cada día el alma debe ejercitarse en fervientes súplicas ante Dios por las grandes victorias de la cruz.
(Testimonios para la Iglesia, T4, 421,422)

Por la fe en Cristo podéis obtener fuerza para resistir toda tentación de Satanás.
(Testimonios para la Iglesia t4, 554)

Cristo iba a llevar la penalidad de la transgresión de la ley de Dios, no para dar libertad al hombre para continuar en pecado, sino para quitar su inclinación a pecar, para que pudiera dejar de desear transgredir. (…) Su mente les es dada a ellos.
(Youth´s Instructor, 6 abril de 1899)

Los ángeles malignos tratan de todas maneras de desanimar a los que están luchando por lograr la victoria sobre el pecado.
(Carta 136. del 26 de noviembre de 1910).

Cristo vino al mundo para enseñar que si el hombre recibe poder de lo alto, puede llevar una vida intachable.
(MC, 15)

Jesús es poderoso para salvar a su pueblo de sus pecados.
(R&H, 27 marzo, 1888)

Jesús murió para hacernos un camino de salida, a fin de que pudiésemos vencer todo mal genio, todo pecado, toda tentación y sentarnos al fin con él.
(1JT, 43)

Si con paciencia y resolución, en el nombre del Vencedor que obtuvo la victoria en nuestro favor en la tentación y en el desierto, vencemos como él venció, obtendremos la recompensa eterna.
(1JT, 116)

La lluvia tardía caerá sobre los puros—entonces todos la recibirán como en antaño. Solamente recibirán la lluvia tardía aquéllos que hagan todo lo que pueden. Cristo nos ayudará. Por la gracia de Dios por medio de la sangre de Jesús, todos podrían ser vencedores. Todo el cielo se
interesa en la obra. Los ángeles se interesan.
(General Conference Daily Bulletin, 7 de febrero de 1893)

El cristiano sentirá la incitación al pecado, pues la carne desea vivamente la sensualidad, oponiéndose al Espíritu; pero el Espíritu lucha contra la carne, manteniendo una continua batalla. Aquí es donde se necesita la ayuda de Cristo. La debilidad humana se une a la fuerza divina, y la fe exclama: “Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1ªCor.15:57).
(MJ, 112)