Arrepentimiento

Sentir un arrepentimiento como éste (David), está más allá del alcance de nuestro propio poder; se obtiene solamente de Cristo, quien ascendió a lo alto y ha dado dones a los hombres.
(CC, 23)

El arrepentimiento es un don de Cristo como lo es el perdón, y no se lo puede encontrar en el corazón donde Cristo no ha estado en acción. No podemos arrepentirnos sin el Espíritu de Cristo que despierta la conciencia, así como no podemos ser perdonados sin Cristo.
(CC, 24; RH 1-4-1890; 6 CBA, 1056)

Tan imposible es arrepentirse si el Espíritu de Cristo no despierta la conciencia como lo es obtener el perdón sin Cristo.
(Camino a Cristo, 26)

Que transcurran meses y años sin que haya un despertar de arrepentimiento es una de las evidencias más tristes del poder ofuscador del pecado.
(T5, 131)

El Salvador está continuamente atrayendo a los hombres hacia el arrepentimiento; todo lo que tienen que hacer es dejarse atraer, y en su corazón se producirá arrepentimiento.
(T8, 72)

¿Puede el hombre arrepentirse por si mismo? No más de lo que puede perdonarse a si mismo.
(Fe y Obras, 24)

El alma debe primeramente ser convencida de pecado antes que el pecador sienta el deseo de acudir a Cristo.
(Fe y Obras, 30)

Es el favor de Dios lo que nos conduce mediante su poder a arrepentimiento.
(Fe y Obras, 73)

En cada paso de avance que demos en la experiencia cristiana, nuestro arrepentimiento será más profundo.
(HA, 448)

Una reforma en la vida es la única prueba segura de un verdadero arrepentimiento.
(CS, 515)

Todos los que tratan de excusar u ocultar sus pecados, dejándolos sin confesar y sin haber sido perdonados en los registros del cielo, serán vencidos por Satanás.
(CS, 678)

Nuestra vida debe ser una vida de arrepentimiento y humildad continua. Necesitamos arrepentirnos constantemente para que podamos ser constantemente victoriosos…
Cuando vemos almas alejadas de Cristo debemos ponernos en su lugar y sentir arrepentimiento en su favor delante de Dios, y no descansar hasta que las llevemos al arrepentimiento. Si hacemos todo lo que podamos y sin embargo no se arrepienten, el pecado está a la puerta de ellas; pero todavía debemos sentir dolor de corazón debido a su condición, mostrándoles cómo arrepentirse y tratando de guiarlas paso tras paso a Jesucristo.
(Manuscrito 92, 1901; 7CBA, 971)

Si os entregáis a la dureza de vuestro corazón, y por orgullo y justicia propia no confesáis vuestras faltas, seréis abandonados a las tentaciones de Satanás. Si cuando el Señor revela vuestros errores no os arrepentís o los confesáis, su providencia os traerá una y otra vez sobre el mismo terreno. Seréis abonados a cometer errores de la misma naturaleza, continuaréis careciendo de sabiduría, y llamaréis al pecado justicia, y a la justicia pecado.
(Review & Herald, tomo 2, p.449)

Satanás y sus seguidores se arrepintieron, lloraron e imploraron volver a tener el favor de Dios. Pero no, su pecado, su odio, su envidia y sus celos, ha sido tan grande el pecado, que no puede eliminarlo.
(Dones Espirituales, vol. 1, pp. 18,19)

A menos que se arrepientan, nunca recibirán el sello de la aprobación de Dios.
(1JT.336)

Por el arrepentimiento y la fe, somos habilitados para prestar obediencia a todos los mandamientos de Dios.
(2JT.175)

Todos los que desean que sus nombres se mantengan en el libro de la vida, deben ahora, en los pocos días que les quedan de este tiempo de gracia, afligir sus almas ante Dios con verdadero arrepentimiento y dolor por sus pecados.
(Cristo en su Santuario, 137)

Los impíos y los demonios no pueden estorbar la obra de Dios, o excluir su presencia de las asambleas de su pueblo, si sus miembros, con corazón sumiso y contrito, confiesan sus pecados, se apartan de ellos y con fe demandan las promesas divinas.
(Mensajes Selectos, t1, 145)

Existe un arrepentimiento del cual hay que arrepentirse.
(Mensajes Selectos, t2, 452)

Muchos estaban dispuestos (…) a arrepentirse de su desafecto (…) pero Lucifer (…) declaró (…) que Dios no podía perdonarlos.
(PP. 20)

Si Jacob no se hubiese arrepentido antes por su pecado consistente en tratar de conseguir la primogenitura mediante un engaño, Dios no habría podido oír su oración ni conservarle bondadosamente la vida. Así será en el tiempo de angustia. Si el pueblo de Dios tuviera pecados inconfesos que aparecieran ante ellos cuando los torturen el temor y la angustia, serían abrumados; la desesperación anularía su fe, y no podrían tener confianza en Dios para pedirle su liberación.
(PP. 200)

Todos los que traten de ocultar o excusar sus pecados, y permitan que permanezcan en los libros del cielo inconfesos y sin perdón, serán vencidos por Satanás.
(PP. 201)

El verdadero arrepentimiento es algo más que sentir pesar por el pecado. Consiste en apartarse resueltamente del mal.
(PP. 600)

El arrepentimiento del hombre implica un cambio de parecer. El arrepentimiento de Dios implica un cambio de circunstancias y relaciones.
(PP. 682)

Cada día que permanezcáis en pecado, estáis en las filas de Satanás; y si os enfermareis y muriereis sin arrepentimiento, estaríais perdidos.
(Review and Herald, 24 Diciembre 1889)

Un pecado del cual no os hayáis arrepentido es suficiente para cerrar las puertas del cielo contra vosotros. Jesús vino a morir en la cruz del Calvario porque el hombre no podía ser salvado con una mancha de pecado sobre él.
(Signs of Times, 17 marzo 1890)

Ni siquiera podemos arrepentirnos sin la ayuda del Espíritu de Dios, (…) El arrepentimiento proviene de Cristo tan ciertamente como el perdón.
(DTG, 147)

Ningún arrepentimiento que no obre una reforma es genuino. La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no han sido confesados y abandonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta.
(DTG. 509)

Después que Cristo hubo dado los pasos necesarios de arrepentimiento, conversión y fe en beneficio de la raza humana, fue a Juan para ser bautizado por él en el Jordán.
(General Conference Bulletin, 1901, p. 36)

Cristo vino, no confesando sus propios pecados, sino que la culpabilidad le fue imputada como sustituto del pecador.
(R & H, 21 Enero 1873)

Cristo puede salvar hasta lo sumo a todos los que se acercan a él con fe. Si se lo permiten, los limpiará de toda contaminación; pero si se aferran a sus pecados no hay posibilidad de ser salvos, pues la justicia de Cristo no cubre los pecados por los cuales no ha habido arrepentimiento. Dios ha declarado que aquellos que reciben a Cristo como a su Redentor, aceptándolo como Aquel que quita todo pecado, recibirán el perdón de sus transgresiones.
(MS 142, 1899; CBA7, 942)

Mediante el arrepentimiento ante Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo el pecador puede recibir salvación plena y gratuita. Pero no puede ser salvado por los méritos de la sangre de Cristo mientras continúe violando la ley de Dios.
(ATO, 187)

Si somos vencidos, no dilatemos en arrepentirnos…
(MGD, 179)

Una convicción general de pecado no es reformadora.
(Signs of Times, 11 marzo 1897; Ser Semejante a Jesús, 195)

Los pecadores deben ir a Cristo, porque lo ven como su Salvador, su único Ayudador, con el fin de que puedan ser capacitados para arrepentirse; porque si se pudieran arrepentir sin ir a Cristo, también podrían salvarse sin Cristo.
(Review and Herald, 1 abril de 1890)

El salmo más elocuente de David lo cantó cuando subía al Monte de los Olivos, llorando y descalzo, humillado en espíritu, abnegado y generoso, sumiso y resignado.
(Carta 6, 1880)

Sin arrepentimiento verdadero no puede haber conversión verdadera. Muchos se equivocan aquí, y demasiado a menudo toda su experiencia demuestra ser un engaño. Es por esto que tantos que se unen a la iglesia nunca se han unido a Cristo.
(4 Spirit of Prophecy, 297-298)

El arrepentimiento por el pecado es las primicias de la obra del Espíritu Santo en la vida.
(MS 28, 1905: 6CBA, 1068)

Dios llama a hombres como Elías, Natán y Juan el Bautista, hombres que llevarán Su mensaje con fidelidad, sin pensar en las consecuencias, que dirán la verdad valientemente, aun cuando implique sacrificar todo lo que poseen.
(Review and Herald del 22 de Octubre de 1901)

Predicad para lograr un reavivamiento.-
Arrepentíos, arrepentíos, era el mensaje que hacía resonar la voz de Juan el Bautista en el desierto. El mensaje de Cristo a la gente era: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Luc.13; 5). Y a los apóstoles se les ordenó predicar por doquiera que los hombres debían arrepentirse.
El Señor desea que sus siervos hoy en día prediquen la antigua doctrina evangélica: dolor por el pecado, arrepentimiento y confesión. Necesitamos sermones de cuño antiguo, costumbres de cuño antiguo, padres y madres en Israel de cuño antiguo. Debe trabajarse por el pecador, con perseverancia, con fervor, sabiamente, hasta que él vea que es un transgresor de la ley de Dios, y manifieste arrepentimiento hacia Dios y fe hacia el Señor Jesucristo.
(Evangelismo, 135)

Cuando veamos almas alejadas de Cristo debemos ponernos en su lugar y sentir arrepentimiento en su favor delante de Dios, y no descansar hasta que las llevemos al arrepentimiento. Si hacemos todo lo que podamos y sin embargo no se arrepienten, el pecado está a las puertas de ellas; pero todavía debemos sentir dolor de corazón debido a su condición, mostrándoles cómo arrepentirse y tratando de guiarlas paso a paso a Jesucristo.
(MS 92, 1901; CBA, T 7, p.971)

Hermanos, yo veo vuestro peligro, y pregunto nuevamente, ¿el que está cometiendo algún error, está haciendo algún esfuerzo para corregirlo? Las almas pueden estar tropezando, caminando en tinieblas, porque ustedes no han hecho ningún camino derecho para vuestros pies. Si ustedes están en posiciones de confianza, les hago el mayor apelo sincero, por amor a vuestras propias almas y por amor a aquellos que los miran como guías, arrepiéntanse ante Dios de todo error cometido, y confiésenlos.
Si ustedes tienen indulgencia con la dureza de corazón, y a través del orgullo y de la justicia propia no confiesan vuestras faltas, seréis abandonados a las tentaciones de Satanás. Si cuando el Señor os revela vuestros errores, no os arrepentís ni hacéis confesiones, sus providencias os llevarán al mismo terreno una y otra vez. Seréis abandonados para que cometáis los mismos errores, os continuará faltando sabiduría, y llamaréis al pecado justicia, y a la justicia pecado. La multitud de engaños que prevalecerán en estos últimos días os cercarán, y cambiaréis de líderes, y no sabréis que lo habréis hecho.
(RH, 16 de Diciembre de 1890.)