Carbón

Quiero contarle algo acerca de mi experiencia con el carbón como remedio. Es más eficaz que las drogas para cierta forma de indigestión. Un poco de aceite de oliva mezclado con polvo de carbón tiende a limpiar y a sanar. He encontrado que es excelente. En casos de inflamación, hemos utilizado abundantemente carbón de leña de eucalipto pulverizado. . .
(Mensajes Selectos, t2, 343)

Uno de los remedios más benéficos es el carbón pulverizado, colocado en una bolsa y utilizado en fomentos. Es un remedio de mucho éxito. Si se lo moja en sanguinaria hervida, su efecto es mejor aún. He pedido que apliquen este tratamiento en casos cuando el enfermo experimentaba gran dolor, y cuando el médico me había dicho que él pensaba que eso era lo último que podía hacerse antes de la muerte. En tal caso he sugerido la aplicación de carbón* y el paciente ha dormido, se ha producido la crisis y finalmente la recuperación. A los alumnos que tenían las manos magulladas e inflamadas les prescribí este remedio sencillo, con perfecto éxito. El veneno de la inflamación fue dominado, se suprimió el dolor y la curación sobrevino rápidamente. La inflamación más severa de los ojos puede aliviarse mediante una cataplasma de carbón, colocada en una bolsa, y puesta en agua caliente o fría, como cuadre mejor a cada caso. Esto obra como un calmante.
(Mensajes Selectos, 2, 337, 338)

En cierta ocasión un médico vino a verme muy afligido. Lo habían llamado para atender a una mujer joven que estaba gravemente enferma. Le había venido fiebre mientras estaba en el congreso campestre, de modo que fue llevada a un edificio de nuestro colegio cerca de Melbourne, Australia. Pero su condición empeoró tanto que se temió que no pudiera vivir. El médico, Dr. Merritt Kellogg, vino a verme y me dijo: “Hna. White, ¿tiene alguna instrucción para mí en este caso? (¡Que bonito! Todo un médico humillándose para preguntar a EGW. ) Si no podemos socorrer a nuestra hermana, vivirá tan sólo pocas horas”. Repliqué: “Envíe a buscar carbón pulverizado a una herrería, prepare una cataplasma con él y aplíquela al estómago y a los costados”. El médico se apresuró a seguir mis instrucciones. Pronto volvió y me dijo: “La enferma experimentó alivio en menos de media hora después de la aplicación de las cataplasmas. Ahora duerme por primera vez en forma natural desde hace días”.

He ordenado que se aplique el mismo tratamiento a otros enfermos que experimentaban dolor, y ha proporcionado alivio y ha sido el medio de salvar vidas. Mi madre me había dicho que las mordeduras de serpientes y de otros reptiles, y las picaduras de insectos, a menudo podían neutralizarse mediante el uso de cataplasmas de carbón.
(Mensajes Selectos, 2, 338, 339)

OTRAS EXPERIENCIAS CON EL CARBÓN
Una recuperación rápida. ­
Un hermano enfermó de disentería hemorrágica e inflamación de los intestinos. No observaba estrictamente la reforma pro salud, sino que se dejaba dominar por sus apetitos. Por entonces nos preparábamos para salir de Texas, donde habíamos estado trabajando durante varios meses, de modo que hicimos acondicionar carruajes para transportar a este hermano y a su familia, y a varios otros que estaban enfermos de malaria. Mi esposo y yo pensamos que era preferible soportar este gasto antes que permitir que murieran esos jefes de familia y dejaran desamparadas a sus esposas y sus hijos.
Dos o tres fueron puestos sobre colchones de elásticos en una galera de andar suave. Pero este hombre que sufría de inflamación de los intestinos, envió a buscarme. Mi esposo y yo decidimos que no sería conveniente moverlo de donde estaba. Se temía que ya se hubiese iniciado un proceso de gangrena. Luego me sobrevino un pensamiento como una comunicación del Señor, según el cual debía tomar carbón pulverizado, ponerle agua y darla a beber al enfermo, y luego colocar cataplasma de carbón sobre el vientre y el estómago. Estábamos como a una milla de la ciudad de Denison, pero el hijo del enfermo fue a una herrería, consiguió carbón, lo pulverizó, y luego lo utilizó de acuerdo con las instrucciones dadas. El resultado fue que en el término de media hora se había producido una reacción favorable. Tuvimos que seguir nuestro viaje y dejar atrás a esta familia; pero cuál no sería nuestra sorpresa al día siguiente cuando su galera alcanzó a la nuestra. El enfermo estaba acostado en ella. La bendición de Dios había obrado mediante los recursos sencillos utilizados (Carta 182, 1899 [A un obrero del campo misionero. Véase la pág. 329]).

Necesitamos mucho un hospital. El jueves la Hna. Sara McEnterfer* fue llamada para ver qué podía hacer por el hijito del Hno. B, de 18 meses de edad. Durante varios días había tenido una hinchazón dolorosa en la rodilla, y se suponía que había sido producida por la picadura de un insecto ponzoñoso. Se le aplicó carbón pulverizado mezclado con linaza, y esta cataplasma produjo un alivio inmediato. El niño había gritado toda la noche a causa del dolor, pero cuando se le aplicó esto, se durmió. Ella ha ido hoy a ver dos veces a la criaturita. Abrió la tumefacción en dos lugares y salió una gran cantidad de pus y de sangre. El niño experimentó alivio de su gran sufrimiento. Agradecemos al Señor porque podemos obtener conocimiento en el empleo de cosas sencillas que están a nuestro alcance para aliviar el dolor y suprimir la causa que lo produce (Manuscrito 68, 1899 [Manuscrito General]). 345