Crisis

La tempestad se avecina y debemos prepararnos para afrontar su furia mediante el arrepentimiento para con Dios y la fe de nuestro Señor Jesucristo. (…)
Las vidas humanas serán sacrificadas por millones.
(EUD, 24)

“Viene una tormenta con furia despiadada. ¿Estamos preparados para enfrentarla? ¿Están nuestros pies sobre la roca? ¿Somos uno con Cristo, así como El es uno con el Padre?
(RH, Dec.27, 1898.)

Sólo los que hayan fortalecido su espíritu con las verdades de la Biblia podrán resistir en el último gran conflicto.
(CS 651)

Todo el que en ese día malo quiera servir sin temor a Dios, de acuerdo con los dictados de su conciencia, necesitará valor, firmeza y conocimiento de Dios y de su Palabra; porque los que sean fieles a Dios serán perseguidos, sus motivos serán condenados, sus mejores esfuerzos serán desfigurados y sus nombres serán denigrados.
(EUD, 151)

En el último gran conflicto de la controversia con Satanás, los que sean leales a Dios se verán privados de todo apoyo terrenal. Porque se niegan a violar su ley en obediencia a las potencias terrenales, se les prohibirá comprar o vender.
DTG 97 (1898). EUD 152

Los que sean fieles a Dios y al deber serán amenazados, denunciados y proscritos. Serán traicionados por “padres, y hermanos y parientes, y amigos”, aun hasta la muerte.
PR 431, EUD, 154

Nuestros familiares, engañados por el enemigo y convencidos de que están sirviendo a Dios, nos harán frente y pondrán su máximo empeño para ponernos en situaciones difíciles con la esperanza de que reneguemos de nuestra fe. Pero podremos poner confiadamente nuestra mano en la de Cristo en medio de las tinieblas y el peligro.
Mar 195, EUD, 155

Es una solemne declaración la que hago a la iglesia, de que ni uno de cada veinte de aquellos cuyos están registrados en los libros de la iglesia se halla preparado para terminar su historia terrenal.
(EUD, 176; SC 52)

El tiempo de gracia terminará poco antes de que el Señor aparezca en las nubes del cielo…
(EUD, 234)

El pueblo de Dios- algunos en las celdas de las cárceles, otros escondidos en ignorados escondrijos de bosques y montañas- invocan aún la protección divina, mientras que por todas partes compañías de hombres armados, instigados por legiones de ángeles malos, se disponen a emprender la obra de muerte…
(EUD, 274)