Dieta

Por la luz que se me ha dado, sé que el azúcar, cuando se usa copiosamente, es más perjudicial que la carne.
(Testimonios T1, 190)

El peligro de contraer una enfermedad aumenta diez veces al comer carne.
(Testimonios T1, 195)

Cuando Cristo se veía más fieramente asediado por la tentación no comía.
(Testimonios T1, 219)

Quienquiera que viola las obligaciones morales en la cuestión de la comida y la vestimenta, prepara el camino para violar las demandas de Dios respecto a los intereses eternos.
(Testimonios, t3, 72)

La complacencia del apetito…, que confunde el juicio y anula la capacidad de discernir, los hará caer.
(Satanás en “Las Trampas del Enemigo”, TM, 473)

El que come en forma imprudente (…) no puede discernir las cosas espirituales.
(CRA, 62)

Nuestros hábitos de comer y beber muestran si somos del mundo o si pertenecemos al número de personas a quienes el Señor ha apartado del mundo por medio de su poderosa hacha de la verdad.
(CRA, 453)

Los que esperan la venida del Señor, con el tiempo eliminarán el consumo de carne, la carne dejará de formar parte de su régimen.
(CRA, 454)

Muchos que están hoy solamente medio convertidos con respecto al consumo de carne abandonarán el pueblo de Dios para no andar más con él.
(CRA, 456)

La alimentación afecta materialmente el intelecto y la disposición.
(Hogar Adventista, 227)

La gratificación de los apetitos pervertidos condujo a los hombres a los pecados que causaron la destrucción de Sodoma y Gomorra.
(C. Salud, 109)

Miles, por satisfacer un apetito pervertido, han contraído fiebres u otras enfermedades graves que les han acarreado la muerte.
(C. Salud, 116)

Así como nuestros primeros padres perdieron el Edén por complacer el apetito, nuestra única esperanza de reconquistar el Edén consiste en dominar firmemente el apetito y la pasión.
(C. Salud, 575)

Tenemos la obligación de saber cómo preservar el cuerpo en la condición más saludable, y es un deber sagrado vivir a la altura de la luz que Dios en su misericordia ha dado. Si cerramos nuestros ojos a la luz por miedo de ver nuestros errores, los cuales no estamos dispuestos a abandonar, nuestros pecados no disminuyen sino que se acrecientan. Si nos apartamos de la luz en un caso, ésta será ignorada en otro. El violar las leyes de nuestro ser es tan ciertamente un pecado como lo es el quebrantar uno de los diez mandamientos, porque no podemos hacer ninguno de los dos sin quebrantar la Ley de Dios. No podemos amar al Señor con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerza mientras estamos amando nuestros apetitos y nuestros gustos mucho más de lo que amamos al Señor.
2T, 70.

El comer, el beber, y el vestir, tienen una influencia directa sobre nuestro progreso espiritual.
(Youth Instructor, 31 de Mayo de 1894.)

El poder dominante del apetito causará la ruina de millares de personas que si hubieran vencido en ese punto, habrían tenido fuerza moral para obtener la victoria sobre todas las demás tentaciones de Satanás. Pero los que son esclavos del apetito no alcanzarán a perfeccionar el carácter cristiano.
(Temperancia, 20)

Nuestro Creador ha provisto para nosotros en las verduras, cereales y frutas, todos los elementos de nutrición necesarios para la salud y el vigor. (…) Si las frutas, las leguminosas, y los cereales no son suficientes para satisfacer las necesidades del hombre, entonces el Creador cometió un error al darlos a Adán.
(Temperancia, 141)

Pero Satanás tiene más éxito cuando asalta el corazón humano. Induciendo a los hombres a rendirse a sus tentaciones, puede dominarlos. Y no hay otra clase de tentaciones en las que tenga mayor éxito que mediante las que se refieren al apetito. Si puede controlar el apetito, puede controlar a todo el hombre.
(Temperancia, 245)

Hay algunos que piensan que la cuestión del régimen alimenticio no tiene suficiente importancia para ser incluida en su obra de evangelización. Pero los tales cometen un gran error. La Palabra de Dios declara: “Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios.”* El tema de la temperancia, en todos sus aspectos, tiene un lugar importante en la obra de la salvación.
(OE, 360)

El que esté completamente convertido abandonará todo hábito y apetito perjudiciales. Mediante la abstinencia total, vencerá su deseo de entregarse a prácticas destructoras de la salud. . . .
(OE, 361)

La complacencia excesiva en el comer…es pecado.
(MCP, t1, 115)

Es imposible que los que gratifican el apetito alcancen la perfección cristiana.
(CRA, 24)

El Señor se propone traer nuevamente a su pueblo a vivir de las sencillas frutas, verduras y granos. El llevó a los hijos de Israel al desierto, donde no podrían seguir un régimen carnívoro; y les dio el pan del cielo.
(MM, 368)

Hay sólo unos pocos hasta ahora que han despertado suficientemente como para entender cuánto tienen que ver sus hábitos de alimentación con su salud, con su carácter, con su utilidad en este mundo y con su destino eterno. Vi que es el deber de los que han recibido la luz del cielo y han comprendido los beneficios de andar en ella, el manifestar un interés mayor por los que todavía sufren por falta de conocimiento. Los observadores del sábado que están esperando la cercana aparición de su Salvador deben ser los últimos en manifestar falta de interés en esta gran obra de reforma. Debe instruirse a los hombres y mujeres, y los ministros y el pueblo deben sentir que la carga de la obra descansa sobre ellos para agitar el tema y presentarlo con fuerza delante de los demás
(Testimonies, tomo 1, 488, 489).

Debemos aprender que la satisfacción de los apetitos es el mayor obstáculo que se opone a nuestro progreso intelectual y a la santificación del alma.
(Review and Herald, 24 de febrero de 1910)

Las mentes que están ofuscadas y parcialmente paralizadas por sustancias malsanas, son vencidas fácilmente por la tentación, y no pueden gozar de la comunión con Dios.
(Signs of Times, 6 enero, 1876)

La glotonería y la intemperancia se hallan en el fundamento de la gran depravación moral de nuestro mundo.
(EUD, 22)

Que nuestro pueblo en Australia deseche todas las recetas refinadas y aprendan a vivir de forma sana, de acuerdo a las instrucciones que Dios nos ha dado. Que impartan este conocimiento como si fuera instrucción Bíblica. Que preserven la salud y aumenten su vigor evitando cocinar demasiado lo que ha llenado este mundo de inválidos crónicos. Llega el tiempo en el que no necesitaremos recetas de cocina, porque el pueblo de Dios aprenderá que el alimento que Dios dio a Adán en su estado sin pecado es el mejor para mantener un cuerpo sin pecado.
(Manuscrito Liberado 21, 286.3)

Para saber cuáles son los mejores comestibles tenemos que estudiar el plan original de Dios para la alimentación del hombre.
(CRA, 95)

Dios está obrando en favor de su pueblo. No desea que esté sin recursos. Lo está haciendo volver al régimen alimenticio originalmente dado al hombre. (…)Se me ha mostrado reiteradamente que Dios está trayendo a su pueblo de vuelta a su plan original.
(CRA, 96)

La palabra de Dios pone el pecado de la glotonería al mismo nivel que la embriaguez. Este pecado era tan ofensivo a los ojos de Dios que dio instrucciones a Moisés para que los padres cuyos hijos, en lugar de reprimir el apetito, se atiborrasen con cualquier cosa que pudiesen llevar a la boca, los trajeran ante los gobernantes de Israel y fueran apedreados hasta matarlos. La condición de glotón era considerada sin esperanza.
(Testimonios para la Iglesia, T4, 446)

Si queremos trabajar para la restauración de la salud, es necesario refrenar nuestro apetito, comer despacio, y sólo una limitada variedad de alimentos en cada comida. Esta instrucción necesita ser repetida frecuentemente. No está en armonía con los principios de la reforma pro salud tener varios platos en una comida.
(Carta, 1908)

La intemperancia en la comida, aún aquella que es sana, tendrá un efecto perjudicial sobre el sistema, y arruinará las facultades mentales y morales.
(Signs of Times, 1 septiembre,1887)

Muchos cometen un error cuando beben agua fría con las comidas. Cuando se usa con las comidas, el agua hace que disminuya la cantidad de saliva; y cuanto más fría el agua, mayor daño para el estómago. El agua fría o la limonada fría, bebidas durante la comida, paraliza la digestión hasta que nuestro organismo genere suficiente calor como para reanudar su trabajo de digestión otra vez.
(Review and Herald, 29 julio, 1884)