Imaginación

El corazón se corrompe por medio de la imaginación.
(T2, 366)

La imaginación debe ser positiva y persistentemente controlada si desea sujetar sus pasiones y afectos a la razón, a la conciencia y al carácter.
(T2, 497)

“Nunca olvide que los pensamientos se traducen en acciones. Las acciones repetidas forman los hábitos, y los hábitos forman el carácter. Por lo tanto, si se presta atención a las cosas pequeñas no hay razón para temer que las cosas grandes lleguen a mancharse y corromperse”.
(ATO, 16 de Marzo)

Necesitamos una imaginación santificada y una lengua también santificada.
(ATO, 265)

“Los que están verdaderamente convertidos comprenderán que nunca verán al Señor en su gloria a menos que formen un carácter que armonice con el de Jesús. Los indiferentes que no ponen sus pensamientos, palabras y acciones en conformidad con Cristo, jamás traspasarán los portales de la ciudad de Dios.
(Carta 104, del 18 de octubre de 1910, al Hno. S. N. Haskell y Sra.)”. (ATO, 18 de Octubre)

“Hay pensamientos y sentimientos sugeridos y despertados por Satanás que molestan aun a los mejores hombres; pero si no son acariciados, si son rechazados como odiosos, el alma no se contamina con la culpa, y ningún otro se mancha por su influencia. ¡Ojalá cada uno de nosotros fuera un sabor de vida para vida para los que nos rodean!”.
(A Fin de Conocerle: 14 de Mayo)

“Es necesario controlar la mente porque tiene una influencia muy poderosa sobre la salud. La imaginación con frecuencia engaña, y cuando se la complace, acarrea serias enfermedades. Muchos mueren de enfermedades mayormente imaginarias. Conocí a varios que se han acarreado enfermedades reales por la influencia de la imaginación…”.
(Consejos sobre Salud, 94)

“Cuando el Espíritu de Dios se posesiona del corazón, transforma la vida. Los pensamientos pecaminosos son puestos a un lado, las malas acciones son abandonadas; el amor, la humildad y la paz, reemplazan a la ira, la envidia y las contenciones. La alegría reemplaza a la tristeza, y el rostro refleja la luz del cielo”.
(Deseado de Todas las Gentes, 144. Año 1898)