Ricos

Los que han adquirido riquezas, lo han hecho por medio de los talentos que Dios les ha dado, pero esos talentos para obtener bienes les fueron dados para que pudiesen socorrer a aquellos que se encuentran en la pobreza.
(MB, 17)

El rico es un administrador de Dios.
(MB, 22)

La invitación evangélica debe ser dada a los ricos y a los pobres, a los importantes y a los menesterosos y se deben proyectar formas para llevar la verdad a nuevos lugares y a toda clase de gente.
(MB, 269)

Cristo predicó el Evangelio a los pobres, pero él no limitó su obra a esa clase de personas. Trabajó por todos los que podían oír su palabra: no solamente los publicanos y los desheredados, sino el rico y refinado fariseo, el noble judío, el centurión y el gobernante romano.
(MB, 270)

Nuestra obra ha de ser agresiva. El dinero es del Señor, y si se llega hasta los ricos en la debida manera, el Señor tocará su corazón y los impresionará para dar de sus medios. El dinero de Dios está en manos de estos hombres y algunos de ellos responderán al pedido de ayuda.
(MB, 295, 296)

Los seguidores de Cristo no deben despreciar la riqueza, sino que deben considerarla como un talento que el Señor les ha confiado.
(CMC, 139)

La Biblia no condena al rico por el hecho de ser rico; tampoco declara que la adquisición de riquezas sea un pecado, ni dice que el dinero es la raíz de todo mal. Todo lo contrario, las Escrituras declaran que Dios es el que da el poder para conseguir riquezas.
(CMC, 144)

Si las necesidades de la obra del Señor se pusieran de relieve con la debida luz ante los que poseen recursos e influencia, esos hombres podrían hacer mucho por promover la causa de la verdad presente.
La ociosidad y las riquezas endurecen el corazón.
(CMC, 194)

(PP, 152)

Hay miles de ricos que sienten hambre de alimento espiritual.
(6T, 85)

Presenten los que trabajan en los intereses de la causa de Dios las necesidades de la obra ante los hombres ricos del mundo. Hacedlo juiciosamente. Decidles lo que estáis tratando de hacer. Solicitad donaciones de ellos. Son los medios de Dios los que ellos tienen y deben ser empleados en iluminar al mundo.
Hay almacenados en el mundo grandes tesoros de oro y plata. Las riquezas de los hombres han sido acumuladas. Id a estos hombres con un corazón lleno de amor por Cristo y por la sufriente humanidad y pedidles que os ayuden en la obra que estáis tratando de hacer para el Maestro. Al ver que vosotros reveláis los sentimientos de benevolencia divinos, será tocada una cuerda en sus corazones. Se darán cuenta de que pueden ser la mano ayudadora de Dios al efectuar obra médica misionera. Serán inducidos a cooperar con Dios, a proporcionar las facilidades necesarias para poner en marcha la obra que debe ser hecha.
(Evangelismo, 69)

Es Dios quien bendice a los hombres con propiedades, y lo hace a fin de que puedan dar para el avance de su causa. El envía la luz del sol y la lluvia. El hace crecer la vegetación. El da la salud y la habilidad de adquirir medios. Todas nuestras bendiciones proceden de su generosa mano. A su vez, quiere que los hombres y mujeres manifiesten su gratitud devolviéndole una parte como diezmos y ofrendas, ofrendas de agradecimiento, ofrendas voluntarias, ofrendas por la culpa. Si los medios afluyeran a la tesorería de acuerdo con este plan divinamente señalado, a saber, la décima parte de todos los ingresos, y ofrendas liberales, habría abundancia para el adelantamiento de la obra del Señor.
(HA, 61,62)

Todo lo que los hombres reciben de la bondad de Dios sigue perteneciendo a Dios. Todo lo que él nos ha otorgado en las cosas valiosas y bellas de la tierra, ha sido colocado en nuestras manos para probarnos, para medir la profundidad de nuestro amor hacia él y nuestro aprecio por sus favores. Tanto los tesoros de las riquezas como los del intelecto, han de ser puestos como ofrenda voluntaria a los pies de Jesús.
(2JT, 333)

Si en la providencia de Dios os han sido dadas riquezas, no os acomodéis en este mundo pensando que no necesitáis dedicaros a un trabajo útil, que tenéis bastante, y que podéis comer, beber y alegraros. No permanezcáis ociosos mientras otros están luchando para obtener recursos para su causa. Invertid vuestros recursos en la obra del Señor. Si hacéis menos que vuestro deber para ayudar a los que perecen, recordad que al ser indolentes incurrís en culpa.
(3JT, 75)

Todo el mundo, con sus riquezas y tesoros pertenece a Dios, aun cuando ahora casi todo está en posesión de hombres malos. “De Jehová es la tierra y su plenitud.” “Mía es la plata, y mío el oro, dice Jehová de los ejércitos.” (…) Ojalá que los cristianos se den cuenta cada vez más plenamente de que tienen el privilegio y el deber de aprovechar, siempre que sea sobre principios rectos, toda oportunidad enviada por el cielo para el avance del reino de Dios en este mundo.
(SC, 210)