Teología

Ministros, profesores, y maestros no consagrados ayudan a Satanás a levantar bandera dentro de nuestros propios baluartes.
(T5, 12)

Muchos de los que procuran prepararse para la obra del Señor piensan que es de rigor acumular grandes tomos de escritos históricos y teológicos. Suponen que el estudio de estas obras les será de gran beneficio para aprender cómo allegarse a la gente. Se equivocan.
(T8, 321)

Nuestro Salvador no animaba a nadie a asistir a las escuelas rabínicas de su tiempo para que sus mentes no se corrompieran por la repetición constante del “Ellos dicen”, o “Se ha dicho”.
(T8, 324)

Como preparación para la obra cristiana muchos creen necesario adquirir extenso conocimiento de escritos históricos y teológicos. Se figuran que este conocimiento les ayudará para enseñar el Evangelio. Pero el estudio laborioso de las opiniones de los hombres tiende a debilitar su ministerio, más bien que a fortalecerlo. Cuando veo bibliotecas atestadas de enormes obras de erudición histórica y teológica, me pregunto: ¿Para qué gastar dinero en lo que no es pan?
(Consejos para Maestros, 367)

Jesús no alentaba a nadie a asistir a las escuelas rabínicas de aquel tiempo, porque allí sus espíritus serían corrompidos.
(Consejos para Maestros, 373)

“Muchos están mejor preparados, tienen más discernimiento espiritual y conocimiento de Dios, y saben más de sus requerimientos cuando inician su curso de estudios que cuando se gradúan. Se sienten inspirados por una ambición a llegar a ser sabios, y son estimulados a aumentar sus estudios hasta infatuarse. Hacen de los libros su ídolo, y están dispuestos a sacrificar la salud y la espiritualidad para educarse. Limitan el tiempo que debieran dedicar a la oración, y dejan de aprovechar las oportunidades que tienen de hacer el bien. Dejan de poner en práctica el conocimiento que ya han obtenido y no progresan en la ciencia de ganar almas. La obra misionera les parece cada vez menos deseable mientras crece anormalmente la pasión de sobresalir en el conocimiento de los libros. Mientras siguen sus estudios, se separan del Dios de la sabiduría. Algunos los felicitan por sus progresos y los estimulan a conquistar diploma tras diploma…”
(Consejos para Maestros, 399)

Jesús y Juan fueron representados como ignorantes por los educadores de aquel tiempo, porque no habían aprendido en las escuelas de los rabinos; pero el Dios del cielo era su maestro, y todos los que les oían se quedaban asombrados por su conocimiento de las Escrituras.
(Consejos para Maestros, 431)

Una de las seducciones magistrales de Satanás consiste en mantener a los espíritus de los hombres investigando y haciendo conjeturas sobre las cosas que Dios no ha dado a conocer y que no quiere que entendamos. Así fue como Lucifer perdió su puesto en el cielo. Se indispuso porque no le fueron revelados todos los secretos de los designios de Dios, y no se fijó en lo que le había sido revelado respecto a su propia obra y al elevado puesto que le había sido asignado.
(MAR, 133)

El Señor desea que sean ganadores de almas. No traten de revelar su inteligencia como teólogos, ni aun de la verdad bíblica, porque al hacer esto hablarán palabras que para muchos serán tan poco comprensibles como el griego.
(ATO, 340)

No es por medio de los más eruditos ni de los más elocuentes miembros de la familia humana como se revelará el Señor.
(ATO, 352)

Hombres doctos en la sabiduría del mundo pensarán que pueden explicar los misterios del mundo, pero al explicar los misterios del evangelio en Cristo, las criaturas y los niños están mucho más adelantados que ellos. El Señor escoge como maestros a hombres indoctos e ignorantes porque él ve que están dispuestos a aprender como a enseñar…
(Manuscrito 106, 21 julio 1902)

Como las nuevas del nacimiento del Salvador, el mensaje del segundo advenimiento no fue confiado a los caudillos religiosos del pueblo.
(CS, 361)

Satanás trata continuamente de atraer la atención hacia los hombres en lugar de atraerla hacia Dios. Hace que el pueblo considere como sus guías a los obispos, pastores y profesores de teología, en vez de estudiar las Escrituras para saber por sí mismo cuáles son sus deberes.
(CS. 653)

Cristo previó que las pretensiones de autoridad desmedida de los escribas y fariseos no habían de desaparecer con la dispersión de los judíos. Con mirada profética vio que la autoridad humana se encumbraría para dominar las conciencias en la forma que ha dado tan desgraciados resultados para la iglesia en todos los siglos. Y sus terribles acusaciones contra los escribas y fariseos y sus amonestaciones al pueblo a que no siguieran a esos guías ciegos fueron consignadas como advertencia para las generaciones futuras.
(CS, 654)

Las verdades que se encuentran explicadas con la mayor claridad en la Biblia han sido envueltas en dudas y oscuridad por hombres doctos, que con ínfulas de gran sabiduría enseñan que las Escrituras tienen un sentido místico, secreto y espiritual que no se echa de ver en el lenguaje empleado en ellas. Esos hombres son falsos maestros. Fue a personas semejantes a quienes Jesús declaró: “No conocéis las Escrituras, ni el poder de Dios.” (S. Marcos 12: 24)
(CS, 656-657)

Así también será proclamado el mensaje del tercer ángel. Cuando llegue el tiempo de hacerlo con el mayor poder, el Señor obrará por conducto de humildes instrumentos, dirigiendo el espíritu de los que se consagren a su servicio. Los obreros serán calificados más bien por la unción de su Espíritu que por la educación en institutos de enseñanza. Habrá hombres de fe y de oración que se sentirán impelidos a declarar con santo entusiasmo las palabras que Dios les inspire. Los pecados de Babilonia serán denunciados. Los resultados funestos y espantosos de la imposición de las observancias de la iglesia por la autoridad civil, las invasiones del espiritismo, los progresos secretos pero rápidos del poder papal -todo será desenmascarado. Estas solemnes amonestaciones conmoverán al pueblo. Miles y miles de personas que nunca habrán oído palabras semejantes, las escucharán.
(CS, 664)

Hay eruditos que tienen educación universitaria, pero esos pastores no alimentan la grey.
(Mensajes Selectos, t1, 18)

Hay eruditos que tienen educación universitaria, pero esos pastores no alimentan la grey.
(Mensajes Selectos, t1, 18)

Los maestros en las escuelas de los profetas, los escribas, los sacerdotes y los gobernantes, fueron los mayores perseguidores de Cristo. Todos los que hicieron gran ostentación de poseer luz espiritual fueron los que despreciaron, rechazaron y crucificaron a Jesús.
Los grandes hombres y mujeres y quienes profesan ser sumamente buenos, pueden llevar a cabo obras terribles impulsados por su fanatismo y por lo exaltado del cargo que ocupan, y vanagloriarse al mismo tiempo de que están sirviendo a Dios.
(Cristo Triunfante, 80)

No pocos de nuestros docentes de teología no son otra cosa que infieles disfrazados…
(Palabras de Guillermo Millar en “Cristo Triunfante”, 339)

Así como en los primeros siglos, las verdades especiales para este tiempo se hallan, no en posesión de las autoridades eclesiásticas, sino de los hombres y las mujeres que no son demasiado sabios o demasiado instruidos para creer en la palabra de Dios.
(PVGM, 57)

Los sacerdotes y los fariseos pensaban estar haciendo grandes cosas como maestros, colocando sus propias interpretaciones por sobre la Palabra de Dios; pero Cristo dijo de ellos: “No sabéis las Escrituras, ni la potencia de Dios”.* Los declaró culpables de enseñar “como doctrinas mandamientos de hombres”.* Aunque ellos eran los maestros de los oráculos divinos, aunque se suponía que entendían la Palabra, no eran hacedores de la misma. Satanás había cegado sus ojos, de tal manera que no viesen su verdadera importancia.
(PVGM, 82)

Vi cómo los guías ciegos se esforzaban por hacer a otras almas tan ciegas como ellos mismos, sin darse cuenta de lo que iba a sobrevenirles. Se exaltaban contra la verdad, y cuando ésta triunfe, muchos que consideraron a estos maestros como hombres de Dios y esperaron recibir luz de ellos, se perturbarán.
(PE, 68)

Juan declaró a los maestros de Israel que su orgullo, egoísmo y crueldad demostraban que eran una generación de víboras, una maldición mortal para el pueblo, más bien que los hijos del justo y obediente Abrahán. En vista de la luz que habían recibido de Dios, eran peores que los
paganos, a los cuales se creían tan superiores.
(DTG, 81)

“Juan declaró a los judíos…” (DTG, 82)

Los fariseos se creían demasiado sabios para necesitar instrucción, demasiado justos para necesitar salvación, demasiado altamente honrados para necesitar la honra que proviene de Cristo. El Salvador se apartó de ellos para hallar a otros que quisieran recibir el mensaje del cielo. En los pescadores sin instrucción, en los publicanos de la plaza, en la mujer de Samaria, en el vulgo que le oía gustosamente, halló sus nuevos odres para el nuevo vino.
(DTG, 245)

Los rabinos consideraban su justicia como pasaporte para el cielo; pero Jesús declaró que era insuficiente e indigna. Las ceremonias externas y un conocimiento teórico de la verdad constituían la justicia farisaica. Los rabinos aseveraban ser santos por sus propios esfuerzos en guardar la ley; pero sus obras habían divorciado la justicia de la religión. Mientras eran escrupulosos en las observancias rituales, sus vidas eran inmorales y degradadas. Su así llamada justicia no podría nunca entrar en el reino de los cielos.
En el tiempo de Cristo, el mayor engaño de la mente humana consistía en creer que un mero asentimiento a la verdad constituía la justicia. En toda experiencia humana, un conocimiento teórico de la verdad ha demostrado ser insuficiente para salvar el alma. No produce frutos de justicia. Una estimación celosa por lo que se llama verdad teológica acompaña a menudo al odio de la verdad genuina manifestada en la vida. Los capítulos más sombríos de la historia están cargados con el recuerdo de crímenes cometidos por fanáticos religiosos. Los fariseos se llamaban hijos de Abrahán y se jactaban de poseer los oráculos de Dios; pero estas ventajas no los preservaban del egoísmo, la malicia, la codicia de ganancias y la más baja hipocresía. Pensaban ser los mayores religiosos del mundo, pero su así llamada ortodoxia los condujo a crucificar al Señor de la gloria.”
(DTG, 275,276)

Pervirtiendo las Escrituras, los sacerdotes y doctores de la ley cegaban la mente de aquellos que de otra manera habrían recibido un conocimiento del reino de Cristo y la vida interior y divina que es esencial para la verdadera santidad.
(DTG, 565)

Profesos teólogos parecen tener placer en volver misterioso aquello que es claro. Ellos revisten las enseñanzas simples de la Palabra de Dios con sus propios razonamientos oscuros, y así confunden las mentes de aquellos que oyen sus doctrinas.
(Signs of the Times, 2 de Julio de 1896)

Lutero declaró que la religión nunca corría más peligro que cuando se encontraba en manos de clérigos y teólogos.
(Evangelismo, 430)

Muchos jóvenes pueden decir que han conseguido un título universitario, pero en realidad no son más que unos ignorantes con un diploma.
(3T, 177)

El mismo espíritu que desencadenó la rebelión en el cielo está trabajando en nuestras iglesias…Oh, que aquellos que han estado durante años en guerra contra los Testimonios de Dios que bondadosamente han dado advertencias para salvar a su pueblo de las trampas de Satanás, entren en armonía con los requerimientos de Dios. Luz, preciosa luz, ha sido dada, y es la genuina educación superior.
(Pacific Union Recorder, 6 de mayo de 1909)

El trabajo de Satanás consiste en conseguir que los hombres ignoren a Dios, para nublar y absorber la mente de tal forma que Dios no esté en sus pensamientos. La educación que han recibido ha sido un carácter tal que confunda la mente y eclipse la verdadera luz. Satanás no desea que la gente tenga un conocimiento de Dios.
(R&H, 13 de marzo, 1900)