Tristeza

Cuando la luz del cielo brilla en el instrumento humano, su rostro expresa el gozo del Señor que mora en lo íntimo. La ausencia de Cristo en el alma hace que la gente sea triste y tenga una mente que desconfía. La falta de Cristo es lo que hace que el rostro sea triste y la vida una peregrinación de lamentos.
(MS96, 1898), (CBA t.5, p.118)

No tengo tiempo para detenerme a lamentar.
(Mensajes Selectos, t1, 122)

A veces resulta difícil para mi tener un rostro gozoso cuando mi corazón está deshecho por la angustia. Pero no permitiré que mi aflicción arroje sombra sobre los que me rodean.
(Mensajes Selectos, tomo2, 305)

Es un pecado el entregarse sin reservas al dolor y a los lamentos. Por la gracia de Cristo podemos actuar con compostura y aun con gozo cuando estamos sometidos a pruebas.
(Mensajes Selectos, tomo2, 306)

A todos nos toca a veces…días en que…la muerte parece preferible a la vida.
(PR, 119)

A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor de sus hijos terrenales; días en que las dificultades acosan al alma, en que la muerte parece preferible a la vida. Entonces es cuando muchos pierden su confianza en Dios y caen en la esclavitud de la duda y la servidumbre de la incredulidad. Si en tales momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias de Dios, veríamos ángeles que procuran salvarnos de nosotros mismos y luchan para asentar nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas; y nuestro ser se compenetraría de una nueva fe y una nueva vida.
(PR, 119)

La tristeza entorpece la circulación en los vasos sanguíneos y en los nervios, y también retarda la acción del hígado. Obstaculiza el proceso de digestión y también el de la nutrición y tiene una tendencia a minar todo el organismo.
(ATO, 100)

Cuando miramos el lado oscuro de las cosas, perdemos nuestro punto de apoyo en Dios.
(T7, 202)

Es nuestro deber ser muy celosos de la gloria de Dios, y no dar un mal informe, ni siquiera por la tristeza del rostro.
(La Voz, 133)

Ninguna conversación maliciosa, ninguna charla frívola, ninguna expresión de descontento o insinuación impura, escapará de los labios del que sigue a Cristo.
(La Voz, 137)

Mientras más se refieran al desánimo, hablando a los demás de sus pruebas, y espaciándose en ellas, para conseguir la simpatía que anhelan, más desánimo y pruebas tendrán. (…)
Cuando se os pregunte cómo os sentís, no os pongáis a pensar en cosas tristes que podáis decir, para captar simpatías. No mencionéis vuestra falta de fe, ni vuestros pesares y padecimientos. El tentador se deleita al oír tales cosas. Cuando habláis de temas lóbregos glorificáis al maligno.
(La Voz, 179)

El recuerdo de un pasado ingrato sólo entristece el presente, y vuelve a vivir la porción desagradable de la historia de su vida.
(T3, 110)